Opinión
La vuelta al jamón
Han pasado tres años de legislatura del gobierno del PP y Vox que nos prometieron iba a ser de «pata negra» y que ha terminado siendo serrano envasado de supermercado: buen lustre y poco condumio
Jesús Florencio Gómez Medinabeitia, secretario general de la Agrupación Socialista Morala
Como quién no quiere la cosa, hace unos días dábamos la vuelta al jamón de esta legislatura. Terminada la parte magra, no queda otra que ... meterle mano a la babilla, la parte más seca, hasta rebañar el hueso.
Tres años de legislatura del gobierno del Partido Popular y Vox en el Ayuntamiento de Navalmoral que nos prometieron iba a ser, como otrora vendieron, de «pata negra» y que terminó siendo serrano envasado de supermercado: buen lustre y poco condumio.
La que presuponíamos iba a ser una legislatura decisiva para el futuro de Navalmoral con inversiones industriales estratégicas, transformaciones urbanas decisivas, desarrollos urbanísticos necesarios, infraestructuras imprescindibles y licitaciones de nuevos contratos de servicios públicos actualizados que mejoraran la calidad de los servicios que prestamos a nuestros vecinos y vecinas, ha terminado convertida en un sainete constante donde queda poco espacio para la política local comprometida, el acuerdo y las propuestas reales que incidan verdaderamente en la vida de las personas a las que nos debemos.
A pesar de que nos dijeron que iban a recuperar la normalidad democrática y a desterrar la confrontación. Algo hay de aquello de «lo que pides en AliExpres y lo que te llega».
Tres años en los que salvo la privatización de servicios, la subida de las tasas y de los precios de servicios municipales, la compra de inmuebles y las obras municipales interminables por falta total de previsión, lo cierto es que poco o nada podemos valorar sobre la gestión real y el proyecto político concreto, porque no existen.
Pendiente siguen tres años después los innumerables baches, el necesario bus urbano, las perentorias viviendas de los Viñazos, las infraestructuras necesarias para el polígono Expacio Navalmoral, la oficina permanente del DNI y la Policía Nacional en Navalmoral, la anunciada apertura de la residencia municipal, la actualización de la Relación de Puestos de Trabajo (RPT) del Ayuntamiento, la licitación del nuevo contrato de recogida de basuras, la integración real de las obras de ADIF en la trama urbana…
Atrás quedó también la irrenunciable lucha por el soterramiento, la maquetita de los socialistas -que resultó ser un proyecto real- en la que basaron la campaña y que ahora pretenden apuntarse, la auditoria económica que hoy solo vendría a poner de manifiesto el incumplimiento reiterado del equilibrio financiero y la estabilidad presupuestaria de este Gobierno, que ha hecho que, en estos tres años, el Ayuntamiento de Navalmoral vuelva a tener deuda y se sitúe en riesgo de intervención. Y tantas otras cosas irrenunciables de las que se olvidaron en este trienio.
En el haber: la privatización de un servicio de jardinería que no incluye las palmeras porque no son árboles, las obras interminables de la avenida de las Angustias ejecutadas con todos los plazos agotados, el colapso de algunos servicios municipales que sabían como arreglar, un Plan General en redacción atascado o el conflicto laboral generado por las modificaciones puntuales e interesadas de la Relación de Puestos de Trabajo, entre otras muchas.
Diálogo rechazado
Desde el primer momento, incluso antes de la toma de posesión del actual Gobierno, desde el Grupo Municipal Socialista tendimos la mano y ofrecimos diálogo en «las cosas del comer» sin obtener, hasta la fecha, respuesta ni invitación a dialogar. Y tengo que confesar que un servidor -neófito en esto de la política y que decidió complicarse la vida y arremangarse por su pueblo- he pensado no pocas veces en estos tres años si este es mi sitio: acostumbrado a trabajar desde la moderación, el respeto y buscando siempre el encuentro y el acuerdo, me resulta inverosímil que la política local -donde todos nos conocemos- sea hoy una constante confrontación por ideología y no permita el mínimo punto de encuentro en relación con aquello que afecta a nuestros vecinos y vecinas, por los que se supone que trabajamos.
El jamón se va terminando, ya vamos viendo el hueso y ahora comenzarán las prisas para anunciarnos el mejor producto. Más allá de anuncios comerciales, la vitola nos indica el grado de maduración de la pieza. La clave para evitar sorpresas.