Concentración realizada el domingo en la plaza de Bohonal / MAM

El día que la vida se paró en Bohonal

Se cumple un año de la desaparición de Rosalía Cáceres. A pesar de la incesante búsqueda, no hay ningún indicio sobre su paradero

MARÍA ÁNGELES FERNÁNDEZ

Hace un año que se paró la vida en Bohonal de Ibor. A eso de las tres de la tarde, cuando el pueblo estaba 'mentresiesta' porque aquel día hacía un calor de verano, Bohonal paró su ritmo para buscar a Rosalía Cáceres. Llevaba más de dos meses en el pueblo, donde pasó el confinamiento sola y, con los primeros aires de libertad, salía todos los días a caminar. Pero aquel 25 de mayo, hace un año ya, no regresó.

Ante la extrañeza de lo largo del paseo, una de sus primas salió a buscarla. Aunque las primeras alarmas generalizadas llegaron desde Madrid. A su hijo le extrañó que, sobre las dos de la tarde, su madre estuviera aún paseando, así que llamó a un amigo para que saliera a buscarla con su quad. Y, a partir de ahí, todo fue una acumulación constante de acontecimientos, comentarios, versiones y, sobre todo, búsquedas.

Porque rápido, poco después de las cuatro de la tarde, ya había decenas de personas pateando caminos, yendo a corrales y huertos, mirando aquí y allá; a esa hora también se vieron las primeras patrullas de la Guardia Civil en el pueblo. Lo que en principio parecía un paréntesis en las rutinas de cada persona para encontrar a Rosalía, o Rosa, como se la conoce en Bohonal, se ha convertido en un parón en el ritmo de latido del municipio

Aquel 25 de mayo, con Extremadura cerrada por el primer confinamiento, los caminos de Bohonal, sobre todo por la zona de 'Las Esas', donde se supone que estaba cuando habló con su hijo, eran un auténtico trajín: grupos de personas, coches, patrullas de uniformados, gente en quad, a caballo y en moto… porque se esperaba encontrarla pronto. Las hipótesis estaban relacionadas con su salud: que si la había dado un golpe de calor, que si se había despistado, que si se había caído, que si la había dado cualquier cosa…. La esperanza era encontrarla debajo de alguna encina, en un camino, en una vereda o en la orilla del pantano. Nada. Ni rastro. Ni de ella ni de los objetos que llevaba: gafas, móvil, sombrero, bolsa y botella de agua. Nada.

No se perdió ni un minuto aquel día en el que todo se paró y todo el mundo se puso en marcha. Rápido se formaron grupos para continuar las batidas por la noche y, a primera hora de la mañana, ya había gente dando el relevo. Bohonal era un sinvivir. Centenares de vecinos y vecinas, de Bohonal y de poblaciones cercanas, patearon caminos, canchales, dehesas, cercas y orillas aquellos primeros días, de manera ininterrumpida; hasta los pozos se revisaron.

Decenas de guardias civiles también participaron en las batidas, llegados desde diferentes puntos de Extremadura, e incluso de otras comunidades, como los técnicos de telecomunicaciones. Y también había perros, y drones, y helicópteros. Hubo una jornada en la que se juntaron unas 200 personas voluntarias y otro centenar de guardias civiles. El despliegue fue impresionante. Y la entrega, brutal.

Decaimiento

El decaimiento lo trajo el devenir de los días. Ese tiempo que se supone todo lo cura a veces hace más mella. Durante las dos o tres primeras semanas, había hasta seis turnos numerosos de batidas; luego, cuando se iba viendo que era muy complicado que Rosalía estuviera en el campo, la participación fue decayendo y la Benemérita, al menos de manera presencial, limitó su participación. Al mes, solo se hacía una salida al día, siempre por sitios que ya habían sido 'pateados', y ahora organizadas o lideradas por la familia, que tomaron el relevo cuando la Guardia Civil dio un paso a un lado en la investigación en el terreno. Porque la judicial sigue, así lo aseguran. Pero no se sabe nada, absolutamente nada, al menos de manera pública y oficial.

El verano pandémico en Bohonal también fue de búsqueda, reducida y limitada, pero necesaria para mantener la esperanza viva y para acompañar a la familia en este deambular tormentoso. Y con batidas 'profesionales' (hay gente del pueblo que lamentablemente ha cogido gran experiencia en esto de buscar de manera milimétrica en un terreno) de la Guardia Civil de manera puntual: varias veces equipos de montaña, llegados desde Ávila, han buscado por la escarpada zona del Pibor, tal vez la más inaccesible del término municipal. Y así ha sido también el otoño y el invierno: llamamientos puntuales para seguir buscando algún indicio de Rosalía en el pueblo.

Y ha llegado de nuevo la primavera, y estamos en mayo, y ya han abierto las fronteras, y Bohonal, donde la vida se paró hace un año, sigue buscando a Rosalía e intentando animar y acompañar a la familia. Las preguntas que permean el pueblo desde hace un año son las mismas: ¿dónde está?, ¿qué le habrá pasado?, ¿qué habrá ocurrido?

Bohonal sigue en compás de espera, buscando y pidiendo respuestas...