Los vecinos de Almaraz respiran con la prórroga a la nuclear: «De una manera u otra, todos vivimos de la central»
En el pueblo, de 1.600 habitantes, se ha vivido con incertidumbre el posible cierre de una instalación que insisten genera empleo y riqueza en la comarca
«Que pongan cinco más». Esa es la contundente respuesta que nos dio Conchi al preguntar en la mañana del jueves a un grupo de ... mujeres que tomaban café en la terraza del hogar del pensionista de Almaraz (1.600 habitantes) su opinión sobre la prórroga de la central nuclear hasta junio de 2030, cuando el cese de su actividad estaba previsto para los años 2027 y 2028.
Un argumento, el de Conchi, coincidente con los vecinos y vecinas a los que pedimos opinión en un recorrido por las calles y establecimientos de la población, situados en la plaza de España, el tramo urbano de la carretera Nacional V o el entorno de la plaza de San Andrés. En algunas partes de ese recorrido con las cúpulas de los reactores de la central al fondo, una imagen tan arraigada en Almaraz que hasta una maqueta preside un parque.
«Ojalá hicieran cinco más para que trabajara toda la gente de aquí, del Campo Arañuelo. Porque hasta ahora no hemos tenido ningún problema. Al contrario. Nos ha dado muchos beneficios a todo el mundo. A jóvenes, a mayores, a todos… Al pueblo entero», explica, para añadir que su marido ha trabajado 40 años en la CNA y están muy contentos.
Pero, ¿puede haber gente que no esté de acuerdo?, le preguntamos. «Yo respeto todas las opiniones, pero si hay alguien que no lo quiere o no le gusta, que se vaya del pueblo. Porque luego, cuando el Ayuntamiento reparte cosas, todo el mundo pone la mano. Y ese dinero es también de la central», añade.
Sobre la incertidumbre que se ha vivido en los últimos años, viendo cercano el final, reconoce que estaban «un poco intranquilos por lo que hubiera supuesto el cierre para todo el Campo Arañuelo. Repercutiría mucho a la comarca».
Empezando por la familia de Ángela, otra de las mujeres presentes, que tiene un hijo trabajando en la central y que espera pueda hacerlo también su nieto, de 25 años.
Ya en la carretera, y mientras atiende tras un mostrador del Horno San Roque, Ángel nos dice que le parece «muy bien que siga hasta el 2030 y más allá si está bien. Y no solamente por los negocios, sino porque da bastante vida al pueblo. Mientras algunos pueblos de alrededor se han quedado bastante deshabitados, esto va a traer algo más de vida y estabilidad a la zona».
Y apunta un argumento que hasta ahora no había aparecido. «No están las cosas en el mundo para tirar energía. Y no solamente por la región, por el país entero», afirma.
Del Horno San Roque pasamos a la tienda de 'las hermanas'. Allí Alba nos aclara que si bien tienen la tienda, que es a la vez Administración de Loterías, y que su marido trabaja en una empresa externa a la central, «vivimos gracias a la central. Mi padre trabajaba en CNA y hemos vivido siempre gracias a la central. Ahora que estoy independizada y tengo mi propia familia, vives gracias a la central. Y al pueblo le da muchísima vida. Cada vez vienen más personas jóvenes, sino aquí no habría quien viviera».
Seguridad
Después incide en dos aspectos: la seguridad y lo que aporta al pueblo. A quienes dudan de lo primero les pide que «se informen un poco más. He trabajado de prevención radiológica y se mira todo con lupa. Cualquier cosa lo detectan rápido. Llevamos toda la vida oyendo que no se puede beber el agua del pueblo y se puede beber perfectamente o que no hay pájaros, cuando abundan las cigüeñas. Somos personas sanas y normales. Ojalá dure muchos años más. Y si la cierran, que monten los reactores que quieran porque estamos de acuerdo».
El segundo aspecto son las ayudas que reciben los vecinos para afrontar los gastos de luz, para ahorrarse el recibo de la basura o el IBI o para estudiar.
«A mi la Junta no me ha dado una beca en la vida, pero sí el Ayuntamiento. Y lo hace se trabaje o no en la central», afirma.
De vuelta al coche nos topamos con dos personas reparando una vivienda. Y si bien al principio comentaron que tenían poco que decir, por ser de Plasencia, después aseguraron que les parece muy bien que se mantenga la central al recordar que produce el 7% de la energía que se consume en España y que de no generarse aquí habría que importarla de Francia.
«Tendrían que abrir hasta la de Valdecaballeros», remataban cuando nos marchábamos.
Criterios técnicos
Junto a la casa de la cultura, y entre las casetas de las fiestas de San Roque que se estaban retirando, Marita nos decía, con firmeza, que «hasta el 2030 es poco. Tendría que ser por criterios técnicos, y lo que dure que esté funcionado. Además, tiene capacidad para otro reactor. Mejor eso que comprar a Francia, porque energía nuclear vamos a seguir utilizando. Sale más barato».
¿Hay alguien en contra?, volvemos a preguntar. «Que yo sepa no. De manera directa o indirecta vivimos de la central». Como su propio hijo, que trabaja en la instalación.
Terminamos en el Supermercado Zaida y Más, que llama la atención por la decoración de su fachada. Del mismo sale Antonio cargado de bolsas de compra y garrafas de agua.
«Es una cosa maravillosa que vaya a seguir, porque todo el pueblo se está beneficiando. Y no solo el pueblo. En muchos kilómetros a la redonda comen de la central. Pero tenían que darle más tiempo, cuando además es una de las mejores y más seguras de Europa. Entonces, ¿por qué dudan de ella?. Hay que luchar para que dure más tiempo».