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En torno a la Biblia

En torno a la Biblia

«Resulta paradójico que la Inquisición española haya pasado a ser en Europa el símbolo del terror y de la maldad sin límites, si nos atenemos a la moderación que caracterizó su actuación frente a las brujas en comparación con el trato brutal al que las sometieron en la misma Europa»

JOSÉ MARÍA GÓMEZ DE LA TORRE

Recibí una visita de unos Testigos de Jehová en la que me obligué a sacar del fondo de mi memoria lo que recordaba de mis lecturas de la Biblia. A raíz de esto he estado pensando en las extrañas relaciones que tenemos los humanos con la divinidad.

Resulta curioso ver cómo los hombres se han dispuesto a echar una mano para cumplir, normalmente con violencia, lo que se inventan que es la voluntad de Dios. Porque ¿cómo saber lo que es voluntad divina? ¿por sus mandamientos?

El segundo de los mandamientos que dio Yahveh a Moisés en el monte Sinaí dice «no te harás escultura ni imagen alguna... No te postrarás ante ellas ni les darás culto» y ya vemos el caso que se hace en la cristiandad de este mandamiento.

En nuestro país se llega al colmo de condecorar a imágenes con medallas al mérito policial, con la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil y, lo que resulta bochornoso, con la Cruz de Hierro nazi. En otros sitios se les da un bastón de mando. Hay imágenes, como el Cristo de Medinaceli, veneradas en la firme creencia de que son más milagreras que otras, siendo todas representación de Jesucristo y merecedoras de la misma veneración.

Cómo habría que calificar estas manifestaciones de culto a las imágenes, ¿superstición, fetichismo, idolatría o simple devoción mal orientada?. A la postre esas devotas manifestaciones suelen ser pacíficas, pero ha habido otro tipo de manifestaciones que no podríamos calificar precisamente de pacíficas.

En la Biblia se puede comprobar numerosas veces que Yahveh no ha tenido mucho escrúpulo a la hora de quitar la vida a quien en algún modo le desagradaba, tanto de forma individual (Er, Onán...) o colectiva (el mundo entero con el diluvio, Sodoma, Gomorra, la décima plaga de Egipto, cuarenta y dos niños por llamar calvo a Eliseo...).

Parece, así pues, que cuando Dios Padre bíblico se siente agraviado aplica su justicia y ajusticia a quienes le ofenden y a todos los que estén en sus proximidades.

Mi pregunta es ¿qué ha movido al hombre a sustituir a la mano justiciera de Dios, torturando y matando a otros seres humanos con la disculpa de que ofendían al Altísimo, cuando la Biblia nos muestra que Él mismo lo lleva a cabo cuando lo estima necesario?

Tal vez es un supuesto conocimiento de la voluntad de Dios para obrar en consecuencia como lo hizo en tiempos pasados la Santa Inquisición. Aquí tengo que romper una lanza en favor de la Inquisición española que, aunque ha sido la que peor fama ha tenido en todo el mundo y su actuación resulta a todos los efectos detestable y sus métodos y fines reprobables, no lo fueron en mayor medida que los de las que se movían por el resto de países europeos, y en muchos casos fue más moderada e indulgente que en estos.

Cacería de brujas

Un buen ejemplo fue la «cacería» de brujas, cuyo mayor exponente fueron las de Zugarramurdi, donde fueron condenadas a muerte once personas, de las que seis fueron quemadas vivas y cinco en efigie, mientras que en Francia solo el juez Pierre de Lancre quemó a más de doscientas y en Inglaterra Matthew Hopkins llevó a la hoguera a más de trescientas.

Resulta paradójico que la Inquisición española haya pasado a ser en Europa el símbolo del terror y de la maldad sin límites, de la perversidad suprema, del mal, si nos atenemos a la moderación que caracterizó su actuación frente a las brujas en comparación con el trato brutal al que las sometieron las autoridades de todo tipo en la misma Europa.

¿Qué es lo que puede mover a unos hombres a repartir hachazos indiscriminadamente, o a lanzar una furgoneta contra una multitud o a ametrallar a los concurrentes a un concierto al grito de Dios es grande? ¿De verdad pueden creer que cumplen un mandato divino o son personas alienadas, ofuscadas por las ideas intransigentes de quienes se sienten intérpretes de la voluntad de la divinidad?

¿Alguien puede creer que a Dios le complace el olor de la carne quemada, que alguien se flagele, se coloque cilicios o camine descalzo en una procesión hasta sangrar por la planta de los pies?

¿Hemos de creer que Dios es un ser sádico que goza con el dolor y el sufrimiento humano, con el derramamiento de sangre?

Que quien sepa la respuesta me lo aclare.