Talavante, Roca Rey y Marco Pérez, a hombros en Navalmoral
Tarde de triunfo en el multiusos que pudo ir a mayor de no ser por la espada
Luis Montero
Lunes, 30 de marzo 2026, 20:09
El edificio multiusos, convertido el domingo en plaza de toros, acogía una tarde de total expectación gracias a un cartel conformado por Talavante, Roca Rey ... y Marco Pérez, que se enfrentaban a toros de Alcurrucén.
Con los tendidos llenos y con la presencia de la Infanta Elena en la barrera, Alejandro Talavante abría la tarde con un toro negro de capa. Saltarín de inicio, pero tras dos buenos primeros tercios se acopló a la muleta del diestro pacense a la perfección.
Lo toreó con las dos manos, ligando los pases de forma excelsa con la mano derecha llevando al toro muy largo y vaciándolo, pero sin terminar de llegar a un público que estuvo frío durante toda la tarde. Tras una estocada caída pero certera consiguió pasear una oreja.
En su segundo toro, un precioso jabonero, Talavante inició la faena de rodillas y con la mano izquierda, siendo un comienzo muy exigente para un animal noble pero al que le faltaba fuerza. Pese a ello el diestro extremeño le sacó varios buenos muletazos, y tras un final explosivo con bernardinas desorejó a un toro que recibió palmas en el arrastre.
De Talavante a Roca Rey
Hablar de Roca Rey es hablar del torero que, junto a Morante de la Puebla, más aficionados lleva a las plazas. Tras una mala temporada la pasada, busca volver a triunfar en plazas importantes durante este 2026. Llegaba a Navalmoral en la que es su segunda corrida de la temporada, una semana antes de trenzar el paseíllo en la Maestranza de Sevilla, en la tarde más importante del calendario taurino nacional.
En su primer toro el diestro peruano no conectó con el público hasta los arrimones finales, y eso que previamente había ligado grandes muletazos con la mano derecha a un animal de Alcurrucén que pasaba siempre con la cara a media altura sin humillar.
El final de la faena, como acostumbra Roca Rey, fue de total conexión con los tendidos, aguantando en la cara de un toro que lo único que quería era echarse lo antes posible. No consiguió matarlo a la primera y tras un pinchazo y una media estocada cortó su primera oreja de la tarde.
Su segundo toro fue un animal muy noble, al que exigió mucho desde el principio. Tras un comienzo de faena de rodillas con pases cambiados por la espalda lo toreó muy bien en redondo. De nuevo un final de total exposición y una estocada certera le bastaron para cortarle las dos orejas al quinto toro de la tarde.
«Muy contento de haber venido a Navalmoral y descubrir una plaza nueva, estoy muy sorprendido por su afición», comentó el diestro peruano a HOY tras finalizar la corrida.
Lo mejor de la tarde
Marco Pérez dejó lo mejor de la tarde en Navalmoral en lo que fue su debut en el coso moralo. Un gran toreo de capote en su primer toro puso al público de pie. Con la muleta, y tras brindar el toro a la Infanta Elena, no se vino abajo el jóven torero salmantino, pues conectó desde la primera tanda con el público citando al toro muy en largo y arriesgando con pases cambiados por la espalda. El toro se rajó muy pronto, pero la voluntad del torero fue total, y tras un gran estoconazo cortó las dos orejas a su primer adversario.
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El sexto toro fue el mejor de la tarde, pese a poner en aprietos a los banderilleros, con la muleta demostró su nobleza y su poder. No se cansaba de embestir el de Alcurrucén, que por el pitón derecho fue un toro de sobresaliente.
Una tanda de toreo en redondo cambiándose la muleta de mano fue lo mejor de la tarde, poniendo al público en pie de nuevo y demostrando su capacidad como matador de toros, en la que será su primera temporada completa con esta condición.
Si bien es cierto que por momentos estuvo fuera de sitio, la sensación en la plaza es que si no llega a fallar con la espada hubiera cortado los máximos trofeos a este último toro de la tarde, que fue premiado con la vuelta al ruedo. Hubo petición de indulto, pero el presidente, a buen criterio, se mantuvo firme y no mostró el pañuelo naranja.
Los tres diestros consiguieron salir a hombros tras cortar un total de ocho orejas, que pudieron ser más de no ser por la espada.
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