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«Esto es solo el comienzo, porque tendremos que alzar la voz muchas veces más»
Los organizadores de la concentración a favor de la central nuclear de Almaraz hacen un balance muy positivo
Los vecinos de Navalmoral y de buena parte de los municipios del Campo Arañuelo se echaron el jueves a la calle para pedir la continuidad de su principal motor económico: la central nuclear de Almaraz, que en unos meses conocerá si las empresas propietarias solicitan la prórroga para seguir funcionando y si el Gobierno la concede. Y por cuanto tiempo, que es un dato que va a resultar relevante.
Desde primera hora de la tarde fueron llegando personas de todas las edades al Jardincillo, el lugar elegido para iniciar la concentración por los organizadores, la Plataforma Ciudadana Vida. Entre ellos dirigentes de la mayoría de los partidos con representación local y regional. Pasadas las seis se ponía en marcha una pequeña manifestación hasta la cercana plaza de España. Tan cercana, que al llegar la cabeza a la plaza todavía había personas sin salir del Jardincillo. Participaron entre 4.000 y 4.500 personas según estimaciones de la Policía Local.
Al escenario instalado en la plaza se subieron los integrantes de la plataforma, creada hace tres meses 'en defensa de Extremadura y por la continuidad de la central nuclear de Almaraz', como se dice en la pancarta que abría el recorrido. Allí leyeron un manifiesto que empieza diciendo que «muchos de los que estamos aquí recordamos la llegada de la central nuclear a nuestras vidas. Una obra titánica que aumentó la población de la zona, produjo una demanda de servicios sin precedentes, trajo riqueza y vida a nuestra calles y convirtió el Campo Arañuelo en un punto señalado en el mapa por su demanda de puestos de trabajo, por ser uno de los principales productores de energía del país y un lugar cómodo para vivir, para establecerse y echar raíces».
La central, añadieron los convocantes de la movilización, desplazó gente de otras provincias, e incluso de otros países, que con el paso de los años se han convertido también en extremeños «que se sienten parte de esta tierra que les acogió, en la que nacieron sus hijos y nietos. Porque la CNA no son solo datos económicos, energéticos o ecológicos. Son todas las familias, toda la población cuya subsistencia gira alrededor de esta actividad y por eso estamos dispuestos a seguir luchando por conservar lo que entre todos hemos construido. No podemos volver atrás».
De ahí la creación de la plataforma, que nació «bajo un clamor que fue creciendo en las redes sociales como reacción a las negociaciones sobre la renovación de la licencia que no se aseguran, e incluso ponen en serio peligro la continuidad. Muchas voces empezaron a sumarse, a mostrar su inquietud, preocupación y deseo de hacerse oír».
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En otro momento del manifiesto se dijo que la defensa de la central no debe ir ligada a siglas, partidos o sindicatos. Eso sí, agradecen el apoyo recibido por parte de ayuntamientos, comités, sindicatos, medios de comunicación, plataformas, empresas y comercios y establecimientos de hostelería, que cerraron entre las seis y las ocho de la tarde de forma espontánea.
Una catástrofe para la comarca
Un apoyo que creen ha sido mayoritario porque la gente sabe que el cierre de la central supondría una «catástrofe» para un Campo Arañuelo que «sustenta en ella hasta 2.900 empleos en Extremadura, la pérdida de convenios de colaboración con numerosas entidades y apoyo de todo tipo de proyectos para la mejora del desarrollo local. Sería una lacra más para sumar a esta Extremadura que parece abandonada por sucesivos gobiernos e instituciones».
También se refirieron a las soluciones y los planes alternativos que no se materializan para propiciar una «transición lógica que preceda al cierre de la actividad. Nos hablan de sustituir la central por otras formas de energía que no son equivalentes, pues no mantendrían ni mejorarían el nivel económico ni generarían tantos puestos de trabajo ni tanta necesidad de servicios. No hay otras alternativas que puedan suplir lo que la central nos da».
Para demostrarlo pusieron los ejemplos de Zorita, una zona «devastada» por el cierre de su central, o de Garoña, «cuya población ha tenido que buscar otros destinos para poder subsistir». Aquí cifran el impacto del cierre de Almaraz en unos 100 millones de euros anuales en el ámbito más cercano, cuando, por el contrario, consideran que hay datos «fiables» que avalan que las centrales como Almaraz en Estados Unidos, con la misma tecnología, han alargado sus permisos de explotación hasta los 60 años. Incluso hasta los 80.
«Almaraz no produce emisiones de CO2 y cuenta con todas las garantías de seguridad posibles, necesarias y con profesionales de sólida y amplia formación, con muchos años de experiencia. Esto ha supuesto que se haya considerado como la más fiable y segura a nivel mundial. Con estos avales, nada debería impedir prolongar su vida útil».
Para terminar, avanzaron que la concentración solo es el comienzo, «porque tendremos que alzar la voz muchas veces más».
Valoración muy positiva
Mientras se despejaba la plaza los integrantes de la plataforma hicieron una valoración muy positiva de su primera movilización, que consideraron un éxito. También insistieron en el agradecimiento por la colaboración recibida, por la asistencia masiva y por el cierre de tiendas o bares coincidiendo con la concentración, «porque si Almaraz no sigue nos afectará a todos».