Las firmas de HOY Navalmoral

Resaca electoral

Resaca electoral

El texto de José María Gómez de la Torre avanza la edición mensual de HOY, que aparecerá el jueves con amplia información electoral

JOSÉ MARÍA GÓMEZ DE LA TORRE

Tras tres meses de precampañas y campañas electorales escuchando la propaganda de los partidos, tanto en las elecciones generales como en las autonómicas, locales o europeas, hago memoria hasta remontarme a las primeras de hace ya cuarenta años y veo que la principal promesa -y la principal preocupación colectiva- se centra en el inaceptable número de parados que ya entonces había y que hoy hay y que, cual si fuera una maldición bíblica, no se logra reducir.

El número mas bajo de demandantes de empleo se produjo en junio de 2007: un poco menos de dos millones, pero ya se empezaba a vislumbrar en el horizonte del tiempo un desastre económico; en septiembre de 2008 se produjo la mayor quiebra bancaria de la historia de los Estados Unidos cuya consecuencia fue una crisis financiera en todos los países del mundo. En nuestro país, Zapatero ha cargado con la culpa de todo el descalabro.

¿Cómo piensan dar solución nuestros políticos a este desastroso asunto? Hay variantes para todos los gustos, pero el que más me llama la atención es la promesa de reducción de impuestos a los que más ingresan.

Vamos a ver por qué me parece una solemne tontería y voy a razonarlo con un par de suposiciones:

Pongamos un pequeño empresario de Navalmoral. Tiene un empleado que entre unas cosas y otras le cuesta treinta mil euros al año. Factura anualmente por valor de un millón y le quedan limpios doscientos mil euros. Hagamos números gruesos: una reducción en sus impuestos del cinco por ciento le va a suponer que va a pagar al fisco diez mil euros menos. Le viene de perlas, pero ¿se los gastará en unas vacaciones o contratará a un nuevo empleado? La respuesta es obvia.

Vayamos ahora a un gran industrial. De uno de ellos he leído que sus beneficios el pasado año eran ciento setenta millones. La bajada del cinco por ciento le supone a grandes rasgos una reducción de impuestos de ocho millones y medio de euros. ¿Alguien se puede creer que si con los ingresos de ciento setenta millones no monta una fábrica nueva o una gran superficie comercial le van a animar ocho millones y medio?

A todos nos da un enorme gustazo que nos reduzcan los impuestos, pero pienso que eso son promesas electorales que se lleva el viento, que al final ocurre -hay precedente- que quien promete tal reducción los sube «porque no le queda otro remedio».

Tras doce años desde el comienzo de la crisis nos encontramos en niveles económicos similares a los de finales de los setenta del pasado siglo y no se vislumbra en el futuro inmediato un repunte de la economía que nos saque de ella -algún optimista dice que ya está superada- por lo que hay que pensar que el sistema de ajustes y apretar el cinturón no ha sido lo más adecuado. Para equilibrar una balanza económica se pueden aumentar los ingresos al nivel de gasto o reducir los gastos al nivel de los ingresos. Europa nos obligó a adoptar esta última solución. Así nos va.

Que no se avería el coche

Vayamos a otro asunto. Supongamos un trabajador cuya base imponible en IRPF es de veintidós mil euros anuales. Hacienda se le lleva cuatro mil, con lo que le quedan mil quinientos euros al mes para vivir. De ahí tiene que deducir la renta del piso en el que vive, la plaza de garaje, el recibo de la luz, los gastos de telefonía, la gasolina para ir y volver del trabajo, la amortización del crédito que pidió para comprar un coche de segunda mano, etc...

Entre pitos y flautas alrededor de ochocientos cincuenta euros al mes, -sin contar otros gastos anuales como el seguro del coche, la ITV, el impuesto de circulación- lo que le deja libres para cubrir otras necesidades unos seiscientos cincuenta euros escasos. Todos los días reza el rosario pidiendo a Dios que no se le averíe el coche, porque si eso ocurre va a tener que pedir un crédito para comer.

Ahora piensen que si ese trabajador tuviese para sus gastos, no mucho más, pongamos quinientos euros más al mes, y como él los miles que se encuentran en las mismas condiciones, posiblemente ese pequeño empresario de Navalmoral en lugar de facturar un millón al año facturaría un millón y medio y a lo mejor sí que necesitaría tener un empleado más.

Resulta triste pensar que los miembros de la CEOE basen el aumento de la productividad de sus empresas en la reducción del salario de sus empleados en lugar de aumentar los niveles de inversión, la investigación y el desarrollo. No es de extrañar cuando reiteradamente fueron eligiendo como presidente a un delincuente hoy encarcelado, cuya receta para salir de la crisis era que los trabajadores debían «trabajar más y cobrar menos».

Si España pretende competir en el mundo a través de una productividad basada en la bajada de los salarios, nunca saldremos del hoyo.

Y el presidente del Banco de España se queja de que los miles de trabajadores como el de mi ejemplo ahorran poco. Dónde vivirá ese hombre...