Opinión

Política Agraria Comunitaria: cúmulo de despropósitos y de atropellos a la razón

Plantación tabaquera del norte de Cáceres /HOY
Plantación tabaquera del norte de Cáceres / HOY

«¿Es mucho pedir que calculen los daños que nos han infringido, nos compensen y dejen de hacer daño?»

La PAC, la Política Agraria Comunitaria, está en colaboración con los caciques de la Europa del capital con el fin de someter a los sectores primarios, enriquecer a los ricos del tercer mundo y a los grandes terratenientes españoles. Al mismo tiempo, garantiza que los países del norte, tecnológicamente preparados, puedan vender sus lavadoras, coches y otras cosas, sacrificando al sector primario europeo. Además, es una herramienta de sometimiento y castigo tan poderosa como el látigo que utilizaban los negreros.

En agricultura se están dando en la práctica todo tipo de agravios, competencia desleal, sometimientos, clientelismo, atropellos a la razón y a la decencia, al menos, para aquellos que creemos en la justicia y que pensábamos que las políticas que se ponen en marcha deberían ser para hacer justicia. Pero en esto del reparto de las ayudas, lo que se busca no es hacer justicia sino clientelismo y sometimiento de la sociedad en cuestión y castigo para todo aquel que ose criticar a los miembros del PSOE que gobiernan la Junta de Extremadura.

Vayamos por partes. Cuando se ayuda con dinero público a unos productores sin necesidad de producir, estos pueden optar por producir aquellos productos que no están primados (frutas y hortalizas), entrando en competencia desleal con los que tradicionalmente plantaban esos productos no primados. Estos últimos padecen la desayuda y el agravio, situación que lleva directamente al endeudamiento o abandonar el sector agrario.

La causa no es una enfermedad, ni una tormenta. Son directamente culpables las ayudas, o mejor dicho la forma de adjudicarlas. Los agricultores no primados, nos encontramos solos para defender unos precios suficientes que nos permitan vivir. Precios que no han subido sino que han bajado. En esta lucha por los precios justos, no se puede contar con el apoyo de los agricultores que se benefician de las ayudas, porque si se unen en esta causa para mejorar los precios pueden ser castigados y perder prima. En consecuencia, nadie se arriesga: los beneficiados sobreviven por las ayudas y los no primados están condenados a la ruina económica segura.

Todo esto ocurre bajo la supervisión de la Junta, que disfruta haciendo daño demostrando así poder y músculo, y no admitiendo que nadie ose criticarles. Aquel que se atreva será arrojado al infierno de la deficiencia económica.

No queremos prima

De todo lo dicho hasta ahora, alguien puede deducir que los no primados queremos prima. Nada más lejos de la realidad, rechazamos el sistema de subvenciones como forma de gobierno porque se alteran las realidades. Hoy un buen agricultor no es aquel que trabaja bien la tierra no. Hoy un agricultor que prospera es el que no tiene problemas para someterse y consigue elevadas ayudas. Si lo ponen en duda, hagan cálculos del dinero recibido en los últimos quince años y que valoren en qué lugar estarían sus economías si no hubieran recibido ese dinero que les cae del cielo todos los años.

Algunos, sin duda, estarían bajo el puente pidiendo para comer. Otros dejaron de trabajar, abandonaron la agricultura, pero siguen cobrando suculentos bocados de dinero público. Lo nunca visto, sin producir nada para la sociedad siguen recibiendo dinero de los impuestos que tanto nos cuesta pagar. Ayudas de hasta dos millones de euros, qué brutalidad. Se están enriqueciendo con dinero público, sin aportar nada y al mismo tiempo se sigue quitando viviendas a familias empobrecidas. Qué nos queda por ver!!. Y una curiosidad más a todo esto: los partidos no saben, no contestan.

Desde nuestro punto de vista, se están haciendo las políticas que el sector agrario rechazó en el año 1992, con un grito de no a las ayudas en una gran manifestación en Extremadura y que la Unión de Campesinos Extremeños logramos ralentizar por entonces, pero que nos ha convertido en objetivo a destruir por el PSOE y finalmente consiguió. Entonces se decía que había que sacrificar la agricultura española para que los países del norte pudieran vender su tecnología. Es decir compramos la agricultura al tercer mundo y así los países como Alemania, Francia y otros podían vender a estos países lavadoras y automóviles.

Otra vez el Gobierno del PSOE sacrificaba a España por el mero hecho de que los ricos le pasaran la mano por la espalda y además, ayudaba, y de qué forma, a sus amigos: los ricos con los que se había comprometido a salvar sus tierras. Por eso, podemos ver con claridad que los grandes terratenientes que estaban vendiendo sus tierras volvían a recuperarlas. Hoy en Extremadura lo tenemos claro. Las grandes fincas se llevan mayoritariamente las ayudas y estos, a su vez, se llevan el dinero a sus lugares de origen o paraísos fiscales. Algo muy grave porque entretanto otros agricultores recibimos sólo agravios.

¿Es mucho pedir que calculen los daños que nos han infringido, nos compensen y dejen de hacer daño?. Se engaña, cuando dicen que no quieren que Extremadura no se desertice y están haciendo todo lo posible para desertizarla. Pero no hay problema, luego saldrán a la calle echando la culpa a los demás. Lo han hecho con el tren. Son los únicos culpables de la situación en la que nos encontramos y ahora salen protestando porque tenemos mal tren, que poca decencia.

Señores del PSOE, me quieren decir que así es como se desarrolla Extremadura, permitiendo que no se produzca y que el dinero supuestamente de Europa se catapulte a otros lugares. Una vez más, me callaré mis feas palabras hacia ustedes, sólo pedir justicia.

A todo esto, se supone que hay sindicatos y cooperativas, pero ya tienen bastante con mantener sus ricos sueldos, aunque sea haciendo pactos con los que gobiernan la Junta, al fin y al cabo, también hay que vivir. Aunque todo esto lo consigan negociando, a ver cuánto dinero les van a dar por no hacer nada. Creo que tienen un gran parecido con los antiguos sindicatos verticales del franquismo