Óscar Jiménez rescata en una novela la figura del Schindler portugués que salvó a cientos de extremeños
'El corresponsal americano' narra cómo el teniente Seixas habilitó un campamento ilegal en Barrancos para ayudar a huir a los republicanos
Eloy García
Lunes, 19 de enero 2026, 22:56
El avance de las tropas franquistas y la toma de la ciudad de Badajoz en agosto de 1936, así como la matanza perpetrada en su plaza de toros, centra la nueva obra del escritor moralo Óscar Jiménez Moriano, 'El corresponsal americano'.
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Entre las particularidades de la obra se encuentra la puesta en valor de dos tenientes de la guardiña portuguesa, Soares y Seixas, quienes literalmente se la jugaron, habilitando un campamento ilegal para ayudar a huir a republicanos de una muerte más que segura.
'El corresponsal americano' es la segunda novela de Jiménez Moriano (también cuenta con varios poemarios en su haber). Subraya que está basada en hechos reales, en datos de la historia, narrados en primera persona por el corresponsal del Chicago Tribune, James Allen.
Este periodista, que se encontraba en Madrid, decide trasladarse hasta la capital pacense atraído por lo que se estaba comentando sobre la matanza de la plaza de toros «cuando el olor a chamusquina de los cadáveres flota todavía en la atmósfera».
«El ejército franquista acaba de conquistar Badajoz, un bastión cuya caída se revela básica para conectar el grupo de ejércitos del Sur con la zona Norte, controlada por Mola», resumen desde la editorial, Baker Street.
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Es entonces cuando llega Allen, en un ambiente mitad real, mitad fantasmagórico, debiendo recurrir a todo tipo de componendas, «en muchos casos con renuncia a sus ideas republicanas, para acopiarse de información con que alimentar sus crónicas de guerra».
Política de tierra quemada
Jiménez destaca que entre los aspectos que hacen esta novela particularmente interesante se encuentran que narra cómo fue la toma de Badajz, «uno de los hechos de armas más importante en la Guerra Civil». Resulta significativo que fue entonces cuando quedó patente la política de «tierra quemada» que iba a llevar a cabo el ejército franquista.
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Lo dijo, explica el autor, el propio Queipo de Llano, quien a preguntas de un corresponsal sobre el elevado número de víctimas en la ciudad, entre 2.000 y 3.000, «éste respondió preguntando qué iba a hacer con estos rojos, ¿permitir que se rearmaran?».
Uno de los sucesos que excita el interés de Allen es el número real de víctimas, en una batalla encarnizada en la que perdieron sus vidas numerosos efectivos de uno y otro bando.
También llama poderosamente su atención, prosiguen desde la editorial, las matanzas en la plaza de toros «y los escarnios con prisioneros allí perpetrados, de los que todos se hacen lenguas, pero que están rodeados de un gran halo de misterio».
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Cuando da por concluido su trabajo, tiene constancia del éxodo de miles de extremeños, «muchos de los cuales penetran en Portugal huyendo de una represalia tan segura como trágica. Es así como, acompañado del corresponsal portugués Manuel Soares y de una pareja recién casada de españoles, da con la pista de los dos tenientes».
Además de los hechos en sí acaecidos en Extremadura, Jiménez destaca lo novedoso de «la labor humanitaria que desempeñaron estos tenientes de la Guardia Nacional Republicana (GNR, conocidos coloquialmente como guardinhas) portuguesa, el equivalente a la Guardia Civil española, en especial de Seixas», al que el autor define como «el Schindler portugués».
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Su labor consistió en salvar la vida a cerca de un millar de refugiados españoles, buena parte de ellos extremeños, que recalaban en Portugal huyendo de la represión franquista.
Sin embargo, se encontraban con la política de deportaciones inmediatas del dictador luso António de Oliveira Salazar, quién «a pesar de ser un político civil era correligionario de Franco». Tras la deportación, los españoles fugados se enfrentaban a una más que probable muerte a manos del ejército del que huían.
Seixas habilitó un campamento ilegal en Barrancos, desde el que huían a Lisboa y de ahí a Tarragona en buques. Lo hizo no solo jugándose su prestigio y carrera profesional, sino su libertad, pues estaba cometiendo un delito.
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«Gracias a este teniente, los extremeños pudieron llegar a Lisboa y desde allí zarpar en buques en dirección a Tarragona, que era terreno republicano», concluye.
Se presentará el martes
La novela –que puede encontrarse en librerías y también adquirirse por Internet en la editorial Baker Street– se presentará en la Fundación Concha el próximo martes.
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