Y yo sin enterarme...
"No tenía ni idea que cuando metí mi papeleta en la urna estaba ordenando a los líderes de los diversos partidos que tenían que llegar a acuerdos y pactos"
José María Gómez de la torre
Lunes, 19 de septiembre 2016, 21:19
Hay que ver la de cosas que uno manda a los políticos cuando vota. Y yo sin enterarme. No tenía ni idea que cuando metí mi papeleta en la urna estaba ordenando a los líderes de los diversos partidos que tenían que llegar a acuerdos y pactos.
Más concretamente, sin saberlo ni imaginarlo, le decía a Pedro que tenía que facilitar a Mariano la formación de Gobierno, que no debería ser un obstáculo que lo impidiera por el bien de España; porque con otros partidos no se puede pactar porque ni quieren el bien para el país, ni pretenden crear puestos de trabajo, ni quieren acabar con la corrupción y además son antidemocráticos; que es Mariano el único que tiene en sus manos la solución. Y si éste fuese incapaz de lograr apoyos suficientes por su estrechez para conseguir acuerdos, mi papeleta, en su corto vuelo dentro de la urna, disponía que Pedro no tenía que ser el tapón que impidiese el Gobierno de Mariano.
Tampoco sé si decimos algo tan concreto al resto de los líderes políticos.
Del lío (digo lío a propósito) del último debate de investidura, de acuerdos y desacuerdos, de lo que mandamos los españoles cuando votamos (y yo sin enterarme) he sacado poco en claro. Me ha pasado como en esos programas de debate político en que todos demuestran una pésima educación quitándose la palabra mutuamente sin escuchar lo que los otros quieren decir o argumentar.
En el Congreso, afortunadamente, se respeta el turno de palabra, que sólo se interrumpe por abucheos o aplausos. Lo malo es que no se escucha. Ni se tiene intención de hacerlo.
Las decisiones de voto se llevaban decididas de antemano, antes de saber lo que el candidato a la investidura iba a decir. Tal vez por saberlo, lo que el candidato ofreció fue una colección de vaguedades adornadas con datos inconcretos, una alocución en la que equiparaba PP y España, se postulaba como salvador de la patria y sermoneaba a aquellos a los que pedía apoyo. Después pareció que el portavoz del PP, señor Hernando, con su intervención quería quitar cualquier tentación de respaldo al candidato. A lo mejor es lo que pretendía.
De todas formas con Mariano no salen las cuentas. A saber:
Aunque vende la recuperación de empleo como si sólo con su política fuera posible, en enero de este año había ciento veinticinco mil ocupados menos que en diciembre de 2011.
A pesar de los recortes (él los llama ajustes) no ha conseguido cuadrar el déficit ni con las prórrogas de la UE. Y lo que te rondaré. Y las sanciones que tendremos que pagar.
Con su política económica la deuda del Estado ha superado el PIB de un año. En sus cuatro años de Gobierno la deuda pública ha crecido más de un 43%.
En medio de la crisis, en 2011, la hucha de las pensiones ingresó dos mil cuatrocientos millones de euros. Desde entonces, durante el tiempo en que él ha estado gobernando, se han sacado cuarenta y un mil seiscientos millones.
A qué seguir.
Los números de Mariano
Es que la cosa de los números no es el fuerte de Mariano. Solo con ver (pensando bien) que el tesorero del partido se embolsó cincuenta y cuatro millones de las cuentas del PP -más lo que se gastara en sus cosas- y él no se enteró, es para pensar que de cuentas na de na.
Lo demostró en su discurso de investidura cuando dijo:
«Señorías, para evitar algunos equívocos, conviene recordar cómo se gasta el dinero público en España. De cada 100 euros que se gasta el Estado, 63 euros se dedican a gasto social, 63: 26 euros de cada 100 a pensiones; 14 euros de cada 100 a sanidad; 9 euros a educación; 8 euros a otros gastos sociales y 6 euros a prestaciones por desempleo. Esta es la realidad de nuestras cuentas públicas y la realidad del sistema de bienestar español, que es uno de los mejores del mundo y los aquí presentes, señorías, tenemos la obligación de preservarlo y de mejorarlo».
Jesucristo multiplicó panes y peces. Mariano, aunque en menor medida, lo ha hecho con los euros.
Así a quién va a convencer.
Si hablamos de temas sociales ¿qué decir?
Yo creería en su sensibilidad social si la diputada Andrea Fabra cuando soltó su «¡Que se jodan!» hubiese sido enviada al momento al grupo mixto. ¿Pero saben qué se hizo? ¡Eliminar el comentario del diario de sesiones! Lo aclaró el Presidente del Congreso en la sesión plenaria celebrada el 21 de febrero de 2013: «..., le vuelvo a repetir que esa frase se dijo aquí, ya quedó resuelto ese incidente y se quitó».
Como remate el nombramiento (frustrado) del exministro Soria para un cargo de dirección en el Banco Mundial.
No sé lo que los lectores piensan. Yo creo que los cientos de miles de afiliados al PP y sus millones de votantes merecen un respeto que ni Mariano ni sus acompañeros les tienen.