Opinión
Navalmoral no necesita más silencios
Pedimos al grupo municipal socialista que levante la voz y se una a la exigencia de ejemplaridad, honestidad y respeto institucional que hoy comparte una inmensa mayoría de vecinos, voten a quien voten
Jaime Vega, portavoz de Liberales
Hubo un tiempo en que los vecinos de Navalmoral de la Mata no pedían privilegios. Pedían algo mucho más sencillo: ser escuchados.
Mientras cientos de ... moralos se movilizaban contra el muro y reclamaban el soterramiento de las vías para evitar una cicatriz permanente sobre la ciudad, el entonces ministro José Luis Ábalos pasó por nuestro entorno, pero no se detuvo en Navalmoral para escuchar a su gente.
No acudió a reunirse con quienes llevaban meses defendiendo el futuro urbano y social de la ciudad. Ni siquiera respondió a quienes reclamaban diálogo institucional. Pero sí tuvo tiempo para detenerse a tomar un café en una estación de servicio al pie de la E90.
La imagen permanece porque resume demasiado bien una forma de hacer política: pasar cerca de los problemas sin entrar nunca en ellos.
Navalmoral conoce perfectamente lo que significa sentirse ignorada. Lo sabe una ciudad trabajadora, discreta, acostumbrada a levantarse temprano y a pedir poco. Una ciudad donde la gente cumple, paga, aguanta y sigue adelante incluso cuando siente que desde arriba se la mira como una nota al margen.
Deterioro público
Por eso produce una mezcla de vergüenza ajena, abatimiento y cansancio moral contemplar el deterioro público de quienes han ocupado las más altas responsabilidades del Estado. España no puede acostumbrarse a que la degradación institucional forme parte del paisaje cotidiano. Y tampoco Extremadura.
La política no puede convertirse en un refugio emocional donde todo se justifica según el color del carnet. Un dirigente no debe aspirar únicamente a no delinquir. Debe aspirar a merecer respeto. Y el respeto empieza por la conducta, por la transparencia y por la decencia pública.
Porque una democracia no se sostiene solo con leyes. También se sostiene con ejemplos.
Los ciudadanos ya están cansados de contemplar cómo algunos responsables políticos exigen ejemplaridad hacia abajo mientras practican indulgencia hacia arriba. La clase media española, la que levantaron nuestros abuelos, sostuvieron nuestros padres y hoy sigue soportando el peso del país, merece algo mejor que este clima de resignación moral.
Desde Liberales queremos reivindicar otra forma de entender la vida pública. Una política donde pedir perdón no sea una humillación. Donde contestar a los ciudadanos no sea una molestia. Donde las instituciones no se utilicen como parapeto personal. Donde la honestidad vuelva a ser una obligación y no un eslogan de campaña.
Y por eso pedimos también al grupo municipal socialista que levante la voz. Que piense primero en la dignidad de la ciudad antes que en las consignas nacionales. Que se una a la exigencia de ejemplaridad, honestidad y respeto institucional que hoy comparte una inmensa mayoría de vecinos, voten a quien voten.
Porque esto ya no va de partidos. Va de algo mucho más importante: de recuperar el orgullo cívico de la gente corriente.
Navalmoral merece dirigentes que miren a los ojos a sus vecinos. Y merece, sobre todo, no volver a sentirse sola mientras otros pasan de largo.