El baloncesto estuvo ligado durante muchos años al colegio / HOY

Las firmas de HOY Navalmoral

Inmaculada Concepción, la historia y la intrahistoria de un colegio moralo

Este texto, que repasa la andadura del conocido colegio de 'Las Monjas', en el bicentenario de la congregación religiosa Sagrada Familia de Burdeos, es un resumen de una ponencia de los Coloquios Histórico-Culturales de 2008

MARÍA ÁNGELES FERNÁNDEZ

En 1843, las religiosas de la Sagrada Familia llegan a España. Y en 1928 a Navalmoral de la Mata. «La inauguración del colegio tendrá lugar el 23 de enero de 1928. El arcipreste de Navalmoral, don Ignacio, bendijo el nuevo ideal y ofició una misa cantada en la capilla del colegio llamado de la Inmaculada Concepción».

De este modo recuerdan, en forma de texto escrito con una caligrafía característica, las religiosas presentes aún hoy la llegada de su congregación a la localidad y la inauguración del colegio del que serían responsables durante 70 años.

Las verdaderas protagonistas de la apertura del que fue el primer colegio de Navalmoral son las hermanas Arnús, Josefina y Georgina, cuya familia tenía terrenos en la actual plaza de Sánchez-Arjona, entre otras zonas. Ellas decidieron que unas monjas fueran a cuidar a la viuda del administrador de las propiedades de la familia catalana, ya enferma, que se había trasladado a vivir a los terrenos que serían el colegio. Sor Ana María, sor Concepción, sor María Manuel, sor Julia, sor Anastasia y sor Loreto, como sin ninguna duda cuenta la morala Mari Vicente, fundaron el centro educativo. Tras la muerte de Carmen Oliva en 1945, Georgina y Josefina Arnús firmaron las escrituras del colegio a favor de la congregación de la Sagrada Familia.

El 1 de febrero de 1928 se iniciaron las clases con 42 alumnas. Durante las primeras décadas, había también internas. Muchas fueron luego maestras, porque en el Inmaculada Concepción se impartían clases de Magisterio de las que había que examinarse de manera libre en Cáceres. De hecho, muchas de las últimas profesoras con las que contó el colegio fueron antiguas alumnas.

«Este era el único colegio si queríamos seguir estudiando en Navalmoral», explica Milagro Marcos, alumna cuatro años y profesora 22. «Si yo he llegado a ser lo que he sido es porque las monjas se preocuparon. Ellas pusieron su confianza en mí y también en otras chicas, había muchas becarias», recuerda por su parte Mari Rubio, también exalumna y exprofesora.

«Las que teníamos buenas notas nos daban una banda y las que teníamos todas las bandas accedíamos luego a la medalla de las congregantes y nos daban una cinta roja con la medalla de la Sagrada Familia y al casarnos la llevábamos. Nos casábamos en la iglesia y las antiguas alumnas íbamos luego al patio del colegio para que nos cantaran una salve y nos quitaban la cinta porque empezaba una nueva vida», recuerda Manola Luengo, durante décadas directora de las Escuelas Concha.

Los años van pasando y también lo hacen las generaciones de estudiantes. «El colegio ha formado a muchas mujeres. Yo he conocido a madres de compañeras de clase que ya habían sido alumnas. Ha marcado en Navalmoral», comenta Rubio.

Cambios sociales

El colegio se fue poco a poco adaptando a los cambios sociales. Además de contar con profesoras seglares, se convirtió en concertado y dejó de tener internas. «La evolución ha sido una cosa muy bonita. Se ha ido adaptando. Nosotros hicimos obra. La parte de arriba, que al principio era dormitorio para internas, se arregló y se hizo laboratorio, salas de tecnología...», dice Blanca Collazos, religiosa y profesora durante 28 años. En la década de los 80, llegaron los niños. De inicio solo recibían clases en preescolar y en 1985 entró la primera generación mixta. Los babis dejaron de ser prenda habitual, el patio creció y se pusieron porterías de fútbol…

«Hace poco llamó una señora de más de 50 años porque necesitaba un justificante de sus estudios aquí y pudimos dárselo porque aún guardamos todas las fichas», explica Mª José Villarroel, religiosa que estuvo como profesora durante nueve años y que regresó tras su jubilación. En el segundo piso de la actual casa de las monjas hay un cuarto para el recuerdo. En él un armario se ha convertido en el almacén de la memoria. Las fichas de todos las alumnas y alumnos que han pasado por el centro, ordenadas alfabéticamente, escritas a mano y con una fotografía del año de entrada mantienen viva la memoria y la historia de un colegio que dejó de existir de manera oficial en 1998, tras la fusión con Los Maristas.

Baloncesto, teatro...

Hay algunos méritos que no se pueden negar al colegio Inmaculada Concepción, como su apoyo constante al baloncesto. Pedro Revuelta, conocido como Piky, fue el profesor de Educación Física durante más de 20 años. «Yo empecé yendo a jugar al baloncesto porque era la única cancha que había en Navalmoral, allí se jugaban todas las ligas locales». «¡Hubo un año que teníamos en el cole 22 equipos de baloncesto! Éramos el terror de Extremadura», recuerda aún con asombro. En el último piso del colegio había una gran vidriera con todas las medallas y trofeos conseguidos en esta disciplina. Y estaba llena.

Si el conocido popularmente como 'Las Monjas' fue imprescindible en el baloncesto de base en Navalmoral, también ha tenido algo que decir si hablamos de teatro. «Siempre se han dejado las instalaciones para el pueblo. El colegio estaba abierto, porque era lo único que había en Navalmoral; no había canchas, ni polideportivo, ni salón de actos…», apunta Milagros Marcos. El grupo de teatro Balumba actuó allí por primera vez el 5 de octubre de 1981.

El último cambio, el definitivo, fue la fusión con Los Maristas, el otro centro concertado de Navalmoral. En el año 1998, el colegio Inmaculada Concepción desapareció administrativa y legalmente para formar parte del nuevo Virgen de Guadalupe. Todas los entrevistadas coinciden en un punto: la tristeza y pena que causó la fusión, pero la necesidad de llevarla a cabo. «Fue un drama para el colegio, pero no había más remedio», comenta Celina, monja y portera durante años.

En Navalmoral siguen viviendo diez religiosas [en 2008, año de redacción de este texto, eran 14], pero ninguna se dedica ya a la labor docente.

Los últimos rescoldos del colegio se apagaron en 2005, con el cierre del edificio como aulario del nuevo centro. Tras tres años después, el Ayuntamiento compró el inmueble, de 2.500 metros cuadrados. «El Inmaculada Concepción forma parte de la historia viva, y no sólo de la historia cultural y educativa, sino de la historia social de Navalmoral», decía de forma contundente Domingo Quijada. «Ha sido un puntal y un emblema de la localidad», añade la exalumna Virtudes Díaz.