
Daniel Fernández Ortín
«En un pueblo, si hay ganas, se pueden hacer muchas cosas»Daniel Fernández Ortín
«En un pueblo, si hay ganas, se pueden hacer muchas cosas»Daniel Fernández Ortín, natural de Badajoz, tenía desde pequeño la ilusión de vivir en un pueblo. Hace años que lo consiguió y que disfruta de ello. Y no en uno, si no en dos, al repartir su tiempo entre Casas de Miravete, donde trabaja, y Torrejón el Rubio, donde reside (además de Cáceres varios días a la semana por cuestiones familiares). Los dos, Casas y Torrejón, se encuentran en el entorno del Parque de Monfragüe, del que es un enamorado y un profundo conocedor.
Algo que demuestra durante todo el año -y también en verano aprovechando la presencia de los emigrantes que retornan- en el Geocentro Monfragüe, el centro de interpretación del que es responsable desde noviembre del 2016, promoviendo charlas, rutas senderistas y hasta bateo de pirita para grupos de escolares en una materia tan poco llamativa, en principio, como es la geología.
«La geología, que es una ciencia apasionante, muchas veces es difícil de acercar a la gente, es verdad. Primero porque los procesos geológicos llevan millones de años, cosa que nosotros no entendemos, y luego las piedras no se mueven ni son bonitas. Pero al final, si se hace de forma amena, a la gente que pasa por aquí les gusta. Además me estoy encontrando con la sorpresa que hay muchísimos niños a los que les gustan los minerales».
Eso en lo que se refiere a la geología. Pero ya mucho antes era un entusiasta de la naturaleza, como prueba que la velocidad media de su coche no supera los 80 kilómetros/hora cuando recorre a diario las carreteras que separan Torrejón el Rubio de Casas de Miravete para disfrutar de la fauna y la flora del entorno.
Todo ello lo plasmó en el Cuaderno de visita de la Reserva de la Biosfera de Monfragüe que editó la Diputación de Cáceres el año pasado, con textos suyos y fotografías y dibujos también de José María Benítez y Javier Esteban. «Para niños que quieran saber como adultos y para adultos que quieran aprender como niños», se dice en la portada.
Mucho más extensa es otra de sus publicaciones, consecuencia de la paciencia, la observación y el estudio. Más que un libro, se trata casi de una enciclopedia que refleja su «larga relación» con las mariposas: 'Los ropalóceros del Parque Nacional de Monfragüe', de la que es autor junto con Ángel Blázquez Caselles.
Estrellas e historia
Fruto de su permanente inquietud son las dos actividades más recientes que ha promovido en su pueblo de 'adopción', Casas de Miravete, «donde he sido muy bien acogido y me siento muy integrado, como en casa», y que considera tiene unos «recursos turísticos enormes» al encontrarse en un lugar estratégico.
De una parte, la observación del cielo nocturno que organizó conjuntamente con el Observatorio Astronómico de Monfragüe en La Era de los Santos, en la que cerca de 200 personas pudieron disfrutar de constelaciones, estrellas dobles, cúmulos estelares o nebulosas. No en vano la escasa contaminación lumínica de Monfragüe y su entorno hace que sea uno de los mejores lugares de Europa para la observación del cielo nocturno y para disfrutar del astroturismo. De ahí su declaración como Destino Turístico Starlight.
También fue nocturna su última iniciativa, la I Ruta Duque de Wellington, para conmemorar un hecho histórico, uno más, de los que se sucedieron en el entorno de la sierra de Miravete en la Guerra de la Independencia. El encuentro que mantuvieron el 10 de julio de 1809 sir Arthur Wellesley, al mando del ejército inglés destinado en la península Ibérica, y el general Gregorio García de la Cuesta, al mando del ejército de Extremadura.
Una reunión que sirvió para planificar la 'batalla de Talavera', contienda en la que, semanas después, el ejército napoleónico cayó derrotado ante los aliados anglo-españoles. Como consecuencia de los méritos demostrados en la batalla, sir Arthur Wellesley recibió el título de vizconde de Wellington y el general García de la Cuesta la Gran Cruz de la Orden de Carlos III.
Todo eso lo recordó al inicio de la ruta senderista, de poco más de 6 kilómetros y en la que participaron un centenar de personas. Una ruta que se quiere mantener y potenciar en futuras ediciones con actividades paralelas, porque, como insiste Daniel Fernández, en un pueblo, si hay ganas, «se pueden hacer muchas cosas».
Y vaya que si las hace, sacando partido a más de 30 años de experiencia en estos campos, a base de autoformación, curiosidad y «tratar de encontrar respuesta a las preguntas que me hacía».
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