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De Kabul a Navalmoral, pasando por Islamabad y Madrid

Mohammad Zarin, que fue cuatro años intérprete del Ejército español durante su presencia en Afganistán, recala en Extremadura con toda su familia

Todo apunta a que Navalmoral será el destino definitivo de Mohammad Zarin, intérprete y periodista afgano que durante cuatro años trabajó para las tropas españolas en su país, servicio que dejó de prestar en 2007.

Con posterioridad empezó a ganarse la vida trabajando en diversos medios de comunicación en la capital, Kabul, si bien años más tarde se vio obligado a emigrar a Pakistán debido a la prolongada situación bélica que atravesaba Afganistán, siendo finalmente evacuado junto a su familia por el Gobierno de España, que al igual que a otros intérpretes en su misma situación concedió asilo político.

De todo su periplo vital -también vivió en Irán, confeccionando prendas de cuero- da cuenta en su domicilio, un modesto y acogedor piso ubicado en el centro de Navalmoral, en el que hacen gala de la hospitalidad afgana. Té, frutos secos y dulces típicos para presentar a su familia e insistir en su agradecimiento al Gobierno español por la ayuda que les está prestando y al pueblo de Navalmoral por su acogida.

Todo ello, acompañados de la única fotografía presente en el salón: la de esta familia junto a diplomáticos españoles justo antes de ser trasladados a Madrid.

Periplo internacional

La de Zarin no ha sido una vida fácil, al menos hasta ahora. Natural de Kabul, estudió Bachillerato en una escuela militar, después pasó a la Universidad… y llegaron las guerras. “Mi padre, que tenía una panadería, tenía mucho miedo por la guerra civil que estalló entonces y estuve tres años en casa prácticamente sin salir, para protegerme”, recuerda.

Después vinieron los empleos, más o menos esporádicos. Albañil y panadero en Kabul, trabajando el cuero en Irán,… hasta que regresó a Kabul para acabar sus estudios de Intérprete.

Fue entonces, en el año 2003, estando en la Facultad, cuando el Ejército español desplegado allí contactó con él y con otros estudiantes. Todos estaban especializándose en español y con notas brillantes.

Accedió a la oferta, prestando este servicio durante cuatro años en la base de Qala-i-Naw, a la vez que proseguía sus estudios. “Pagaban muy bien. Trabajábamos cuatro meses seguidos y luego nos daban 16 días de vacaciones”, recuerda esbozando una sonrisa.

En 2007 decidió cambiar. Dejó el Ejército y empezó a trabajar en medios de comunicación, como el canal de televisión de Kabul del que fue director de noticias. La vida transcurría con normalidad, Zarin seguía formándose de forma autodidacta como periodista a la vez que trabajaba en lo que más le gustaba. Incluso participó en un curso para periodistas en 2010, celebrado en Madrid, donde permaneció 18 días.

Pero la inseguridad que años después volvió a respirarse en las calles de Kabul y la situación económica le llevó a hacer de nuevo las maletas, en 2020. En esta ocasión hacia Islamabad (Pakistán), precisamente donde se encontraba cuando recibió la llamada de España, un año más tarde. Los talibanes habían regresado al poder, Zarin estaba en peligro y su nombre aparecía en una lista de personas que podían pedir asilo político.

Aquí se deshace en elogios hacia el Gobierno, que se encargó del traslado de los cinco miembros de la familia y de los trámites y acompañamiento para su estancia en España. En el aeropuerto de Madrid esperaban varios policías para darlos la bienvenida y hacer una pequeña entrevista, alojándolos en un primer momento en una vivienda de Cruz Roja, en una pequeña población madrileña, cuyo nombre no recuerda.

Pero… ¿por qué Navalmoral?

Lo explica el propio Zarin. “Estábamos en un pueblo muy pequeño y no nos gustaba porque no había casi nada. Pero tampoco una gran ciudad como Madrid (donde actualmente residen varios compañeros intérpretes de la misma base), porque ya veníamos de otra ciudad, con mucha gente y mucho caos”. Aquí intervino el azar.

“Nos ofrecieron varios pueblos más, pero no conocíamos nada y no sabíamos que hacer. Uno de los pueblos que dijeron fue Navalmoral de la Mata y la chica que trabajaba en el hotel en el que estábamos en ese momento dijo que lo conocía, que sus abuelos vivían aquí, que estaba muy bien. Y aquí estamos, casi cinco años después”, comenta entre risas.

Las risas familiares (las secundan todos) vienen porque se encuentran como en casa, plenamente integrados y con proyectos de futuro, más allá de criar a sus hijos: Kumal, de 16 años; Helen, de 15, y Zahara, de 13.

La pequeña tiene claro que quiere ser dentista “porque ganan mucho dinero” [ríe], Helen se inclina hacia la carrera diplomática, pues le gusta viajar, ayudar a las personas y las relaciones internacionales, y Kumal no lo tiene claro todavía. De momento, compite en ajedrez y ha ganado algún que otro trofeo. También practica boxeo. Los tres pasaron por el colegio Almanzor y después por el IES Albalat, con notas, aseguran sus padres, muy buenas.

Su madre, Adela, también se muestra feliz en Extremadura, si bien recuerda con pesar a la familia que dejó en Afganistán, al igual que Zarin, preocupados por la situación.

Los hermanos vuelven a tomar la palabra, visiblemente contentos de vivir en Navalmoral, población que definen como “muy bonita”, en la que tienen muchas amistades. También recuerdan cómo fue su llegada, viendo un país totalmente diferente (“¡Ni siquiera sabía que España existía!”, exclama Helen), una ciudad como Madrid con su estadio Santiago Bernabéu, las vistas desde la azotea del Círculo de Bellas Artes,…

“Fue todo muy de golpe, y encima sin saber hablar español”, rememora Kumal, quién al igual que sus hermanos habla ya cinco idiomas, dos más que su padre.

También habla de futuro Zarin, mostrando orgulloso varios logotipos para la empresa que tiene en mente crear y que se centrará en la confección de prendas de cuero. De hecho, ya se ha comprado una máquina de coser y ha fabricado el primer modelo, que lo muestra con no menos orgullo que los logotipos. “Me gusta mirar hacia adelante, arriesgar y hablar de futuro, más que del pasado”.

Para concluir, le preguntamos por un hipotético viaje en el tiempo. ¿Volvería a trabajar para el Ejército español?. “Sí, sin duda”. Y si la situación cambiase en Afganistán… ¿le gustaría regresar?. “Para visitar a la familia, no me importaría. Pero no para vivir. Mi casa está ahora aquí”.