Luciano Muñoz en un gesto que repite decenas de veces al día / MAM

El Fogón de Rosa, comida y conversación

Desde Casatejada este cáterin familiar reparte cerca de 150 menús diarios en Almaraz, Saucedilla, Talayuela y Navalmoral

Miguel Ángel Marcos
MIGUEL ÁNGEL MARCOS

Comida y unos minutos de conversación. Eso es lo que ofrece todos los días a sus clientes (menos los domingos) Luciano Muñoz Mateos, propietario del Fogón de Rosa, un peculiar cáterin familiar que desde Casatejada reparte cerca de 150 menús diarios en Almaraz, Saucedilla, Talayuela y Navalmoral, además de al centro especial de empleo del Taller Ocupacional.

«Vas siempre con prisas, pero cuando son personas mayores les gusta un rato de conversación y no cuesta nada pararse un poco con ellos. Además la familia también está tranquila, porque saben que vamos todos los días y que les llamamos si no han cogido la bolsa o les ocurre algo. Tengo una agenda con el número de todos en la que pone hija de, tía de, sobrina de…».

Aquí apunta que al principio tenían un 70% de mayores, pero que ahora estará al 50% con gente joven que se ha ido incorporando, que trabajan en institutos o en sanidad, y a los que resulta muy cómodo tener la comida lista sin necesidad de cocinar.

Antes de poner en marcha el Fogón de Rosa -el nombre de su mujer, Rosa Asoroy Durán- llevaban un bar en Casatejada del que estaban «hasta las narices. Habíamos visto una empresa que hacía esto. Y pensamos que podíamos hacerlo igual o mejor. Al principio nos costó bastante, repartíamos por la mañana los dos y cocinábamos por la tarde los dos. Hacíamos más horas que un sereno. Hasta que fuimos creciendo, dedicándose Rosa a la cocina y yo a repartir. Después empezó a venir una chica los viernes, que pasó a hacerlo todos los días como ayudante de cocina, Maca, y a veces una segunda chica por la cantidad de menús que tenemos».

Su actividad comenzó en 2013, por lo que en 2023 cumplirán diez años. Y con anécdota, porque iban a empezar el 11 de marzo, pero lo retrasaron dos días al coincidir con los atentados de Atocha.

«Rosa es cocinera, y tiene su formación, porque no se trata de como cocinas bien en casa me meto a esto, ni mucho menos. Hablamos con alguna de las profesoras que tuvo, empezamos a diseñar el menú y poco a poco vas añadiendo o quitando cosas. Ves lo que gusta, lo que no gusta... Además, de vez en cuando hacemos una pequeña encuesta preguntando, siempre tratando de mejorar y de crecer».

De seis menús a 150

Y tanto que lo han hecho, ya que el primer día sirvieron seis o siete menús, recuerda Luciano.

«Servimos a un matrimonio de Casatejada que ya han muerto, Eloy y Pepa, y a cinco niños de una guardería de Navalmoral. Pero vas subiendo gracias al boca a boca y aguantar mucho al principio. Por ejemplo en Talayuela, donde me tiré tres o cuatro meses con un cliente. Ahora mismo creo que son 28. Recuerdo una tienda, y me lo dicen muchas veces, que comentaban qué donde íbamos con esa compra, un pollo y medio. Y ahora estamos repartiendo cerca de 150 menús».

Menús caseros «de toda la vida», compuestos por un primer plato, segundo y postre. Sopas, patatas, legumbres, arroces… De segundo, carne de todo tipo, como pollo, cerdo, pavo o ternera, y pescado todas las semanas, así como frutas o lácteos. Es muy variado y bastante equilibrado, que nos revisan para ver si hay alguna mezcla que no convenga. Además, intentamos usar lo mínimo posible la fritura».

Todo ello elaborado en una nave totalmente acondicionada y con unos exhaustivos controles sanitarios que, lejos de criticar, agradece, por entender que «no vienen a poner pegas, sino a ayudarnos en el trabajo».

«Hay un registro sanitario, controles veterinarios, las empresas que pagamos para que nos vayan a ver o los registros que nos cogen todos los meses de la comida, de la piel, de paredes o la muestra de testigo diaria. Se guarda una muestra diariamente, se conserva cinco días y al quinto se tira y así siempre, Hay gente que se queja, pero a mí me parece bien porque es mi tranquilidad. De hecho tenemos que agradecer a la veterinaria de la zona, Caridad Ranera, su ayuda a la hora de diseñar la nave. Ella nos aconsejó donde poner la entrada, la cocina, la cámara, el congelador, el lavamanos, la zona sucia… y se lo agradecemos».

Su jornada empieza a las siete y media de la mañana, y la de Rosa a las ocho, para elaborar, colocar y distribuir los menús.

«Una vez cocinado, y por recomendación veterinaria, no se deja enfriar, sino que se emplata y se lleva a la cámara a la temperatura que nos tienen dicho. Porque las condiciones sanitarias son fundamentales».

A partir de ahí empieza su recorrido diario por Almaraz, Saucedilla, Talayuela y Navalmoral y después, una vez terminado, vuelta a Casatejada para cargar y dirigirse al Taller Ocupacional, al que han llegado a servir 40 o 45 menús diarios, pero en otra línea, «caliente y recién preparado para comer según llega».

Ese reparto se resume en unos 120 kilómetros diarios, 16 de ellos en el casco urbano de Navalmoral, con las dificultades que tiene para circular y aparcar dada la estrechez de la mayoría de sus calles. «No voy a decir que me dan facilidades. Pero los policías tampoco me ponen problemas porque saben a lo que voy», dice.

Y todo ello por 4,20 euros el menú, que, en muchos casos, sirve para cenar con el segundo plato.

Fiestas de los pueblos

Una laboriosa tarea que complementan con las fiestas populares. Prueba de ello son algunos de los últimos fines de semanas, en los que han entregado de 400 a 650 comidas en Valdecañas de Tajo, Higuera de Albalat o Casas de Miravete, «y otros a los que no llegamos porque tenemos que descansar», afirma.