Opinión
Hace ya algún tiempo que la profunda herida abierta durante el desmantelamiento del barrio en el que vivimos los de siempre, del rebautizado popularmente como ... Zona Cero, dejó de sangrar profusamente, aunque aún supura de vez en cuando, y la gran cicatriz que están dejando las obras del algún-día-tren-de-altas-prestaciones, mucho nos tememos, que será para siempre, por mucho que nos digan, tratándonos de imbéciles perdíos, que «al final esto va a quedar muy bonito».
Y alguien muy cercano a mí, al oír semejante majadería, se revuelve y me espeta: «Estaría co****do que después de la que han liao, quedara mal»
Y del presente más rabioso podemos rescatar el mensaje, a la desesperada, a modo de última voluntad, que lanzó el Ayuntamiento de nuestro pueblo dirigido a la empresa madre, y que recogió nuestro querido corresponsal local:
«El Ayuntamiento exige a Adif y a OHL una coordinación inmediata tras «el caos circulatorio» de los últimos días».
Hagamos un sencillo ejercicio de lectura y comprensión. El verbo empleado, «exigir», es muy rotundo y cristalino en la definición que hace nuestro querido y poco usado diccionario de la RAE: «Pedir algo con fuerza o autoridad porque se cree que se tiene derecho a ello».
Desde que empezaron estas malditas obras esa empresa estatal –y por extensión las sub contratadas- se han venido pasando, sistemáticamente, por la funda de los colgantes todos los mensajes que ciudadanos e instituciones les hemos dirigido, mostrando una indiferencia, insensibilidad y soberbia heredada directamente del capo supremo que dirige sus destinos.
Pedir, exigir al innombrable algo lógico, lo que dicta la más sencilla de las educaciones, es como pedir a la Camorra napolitana que no manipule la recogida de basuras en la capital partenopea, que deje definitivamente el negocio de la droga, que no influya en los resultados de los partidos del Napoles o de la Serie A italiana, y por el contrario, se dedique en cuerpo y alma al cultivo a escala mundial de la rosa roja, tan romántica ella.
Estos, los 'camorristi', no, los ejecutores del sinsentido, desde que me alcanza la memoria, han hecho de su capa un sayo y han ido incumpliendo, sin ruborizarse lo más mínimo, los plazos de entrega de las obras. Y la información a la ciudadanía para que organice su vida en función de los avatares de la obra, ha brillado por su ausencia, sin olvidarnos del verbo que más y mejor han conjugado durante estos ya interminables tres años de barrabasadas («Acción torpe, un disparate o una travesura grave que causa un daño, perjuicio o destrozo» ) :¡mentir!
Seamos claros, en esta historia interminable ¡ha mentido hasta el que asó la manteca! Pero uno de los mentirosos más gloriosos y clamorosos al que tuvimos la ocasión de disfrutar en directo, en cuerpo y alma, y al que no le tembló ni un músculo de la cara en el salón del Moya, fue el delegado del Gobierno en Extremadura.
Después de una parrafada panfletaria infumable de diez minutos sobre todos los bienestares que su partido a nivel nacional ha traído a nuestra tierra, y a preguntas de una angustiada compañera del Círculo Empresarial Moralo, afectada muy directamente por la partición del pueblo en dos, tuvo el cuajo de vendernos la moto de que «los pasos subterráneos estarían abiertos al tráfico rodado a lo largo de junio», y se quedó tan pancho. Claro, que no especificó el año de la apertura...
De tal palo, tal astilla. Tiene en su number one el espejo ideal en el que mirarse desde tiempo inmemorial, o en lugar de mentiras ¿son sencillamente cambios de opinión?.
Y acabo. La información sobre la exigencia por parte del Ayuntamiento también incluye condenar el «comportamiento y manifestaciones de falta de respeto hacia los agentes de la Policia Local por parte de responsables de la empresa adjudicataria». Nada nuevo bajo el sol.
Solo en una ocasión se nos ha invitado como miembros de la asociación vecinal Zona Cero a una reunión informativa en el salón de plenos del Ayuntamiento con miembros del Consistorio moralo, y con representantes de las empresas ejecutantes de esta obra escurialense – gentilicio de El Escorial - ¿lo pillan?.
La sensación que me quedó tras esa ya lejana reunión, es que todo el pescado estaba vendido y a no ser que algo muy extraordinario pasara, esos señores con cara de jugadores de póquer profesionales, con muy buenos modales, con un grosor de piel infinito, se iban a pasar por esa clásica funda anteriormente mencionada todas las quejas y peticiones que unos y otros – Consistorio y ciudadanía – les trasladamos.
Sartén y mango
La sartén y el mango claramente siempre la han tenido ellos, y nosotros hemos sido meros espectadores de la improvisación. Como asociación sólo le pedimos una cosa: que nos enviaran a nuestro correo electrónico los planos de cómo iba a quedar lo que quedara de lo que un día fue una plazoleta – rotonda, y su entorno más próximo, con su colección de árboles arrasados. Muy buenas palabras pero cero hechos, lo habitual desde que este despropósito comenzó. Nunca nos llegó lo que nos aseguraron que nos enviarían sin dilación.
La única buena noticia en esta parte norte de la ciudad es que Brandeburgo, Genbaku y Catedral – nuestros olivo, acacia y morera - han aguantado como unos jabatos y lucen verdes y frondosos como único signo de vida en medio de una continua devastación envuelta en nubes de polvo, excavaciones, taladros de destrucción masiva y ruidos inimaginables.
Por no mencionar el último regalito: una amplia piscina natural debido a una enorme fuga de una conducción de aguas fecales que, por un error de cálculo, nos montaron frente a nuestras viviendas para perplejidad de vecinos y transeúntes.
Así que, teniendo en cuenta todo lo anteriormente expuesto, creemos que tenemos un mínimo derecho al pataleo y ahí va nuestra petición a modo de brindis al sol:
«Exigimos que dejen de mentirnos de una vez por todas y condenamos las actuaciones arbitrarias y la desinformación al ciudadano de a pie que ha presidido todo el proceso de transformación que nos ha llevado de ser una ciudad abierta a enterrarnos en vida». Se ruega acuse de recibo.
P.D. ...Y el verbo se transformó en obra eterna y habitó entre nosotros, por los siglos de los siglos…
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