Opinión

Ecología y derechos

Vista de Marina Isla de Valdecañas /MAM
Vista de Marina Isla de Valdecañas / MAM

«En Marina Isla de Valdecañas trabajan 84 personas. El día que cierre serán 84 familias las que se queden sin ocupación»

JOSÉ MARÍA GÓMEZ DE LA TORRE

El bajo nivel del embalse de Valdecañas, los problemas originados a las comunidades de regantes de sus riberas, el 'descubrimiento' a nivel popular del dolmen de Guadalperal y su problemático rescate del fondo de las aguas cuando el nivel suba, me ha hecho pensar en los problemas de la Isla de Valdecañas.

En un titular de prensa he leído lo siguiente sobre la isla: «Si finalmente vence la Justicia este largo y duro pulso que le ha echado la política del desarrollismo y el ladrillazo y Extremadura se libra de esta herencia envenenada de Ibarra, entonces habremos ganado en Justicia Ambiental y en Justicia Social».

Creo saber lo que el autor de la frase entiende por Justicia Ambiental. Sin embargo no sé lo que entiende por Justicia Social. Cualquiera es libre de opinar. Emitir opiniones es gratis y por lo tanto no hay ni que documentarse.

El problema de la isla surge porque no se realizaron dos acciones meramente administrativas: demostrar que los terrenos de la isla, incluidos en red Natura 2000, no tenían (o habían perdido) el valor ambiental que motivó su protección y una autorización de la Unión Europea.

¿Cuánto valor ambiental tenía la isla? Me atengo a la descripción del territorio que hacen dos conocedores del terreno:

«Yo soy nacido y criado aquí, he estado aquí toda mi vida, y la isla es lo que llamábamos 'Cerro Burro'. Yo he ido ahí muchísimas veces, de crío y de adulto, y lo que había antes de que se construyera Marina Isla de Valdecañas era un secarral y un vertedero. No había más que eucaliptos y matorral, y cadáveres de vacas y colchones y muebles que la gente tiraba allí».

«La isla está ahora mucho mejor que antes. Antes era un secarral al que no íbamos ni a cazar porque no había fauna. Había cadáveres de vacas y basura. Lo más que veías era una paloma alguna vez. Ahora hay más árboles y mejores, porque han quitado los eucaliptos. Vas por allí y no dejas de ver pájaros. Y hay más animales. Está aquello lleno de corzos y ciervos. Llegas a verlos incluso cruzando el campo de golf».

Y añado lo que opina acerca de la demolición un exsecretario de Adenex: «Ese espacio no era precisamente lo más valioso que tenía Extremadura. Pasó por actividades agrícolas y ganaderas y también de repoblación de eucaliptos. 54 hectáreas estaban pobladas de eucaliptos. También era un basurero de los pueblos vecinos. Que la sentencia pida devolver el espacio a su estado originario pone a los ecologistas extremeños en el brete de defender la replantación de eucaliptos, precisamente la especie maldita, contra la que surgió el ecologismo en nuestra región. Además, la demolición puede ser un desastre medioambiental. Los vertidos serán ingentes. Las cifras difieren desde 150.000 a un millón de metros cúbicos de residuos. ¿Dónde se depositan? El ruido de la demolición alteraría el hábitat de las aves. La generación de partículas a la atmósfera sería incalculable».

Pasemos a la ganancia en justicia social de la que habla el titular de prensa. En el ecologismo prima la ideología de la supremacía de los derechos de los animales o de la naturaleza por encima del derecho de las personas. En esta ideología el hombre no pertenece a la naturaleza y como no pertenece a la naturaleza, le niega cualquier derecho de los que concede a cualquier animal o, cuando mucho, pone sus derechos por debajo de los de estos.

¿Saben los ecologistas cómo evoluciona la población humana en Extremadura? Seguramente conocerán y tendrán muy presente la evolución de la población de grullas, linces, vencejos, golondrinas, eslizones, cigüeñas, murciélagos o zampullines cuellinegros. Pero lo que a lo mejor no saben es que desde el 1 de enero de 2012 al 1 de enero de 2019 Extremadura ha perdido 54.074 habitantes de entre 18 y 40 años. Y lo que condiciona el futuro: en enero de 2019 hay 17.087 menores de 17 años menos que en enero de 2012.

Si lo tuviesen en cuenta tal vez tendrían que catalogar al homo sapiens extremeño, si no como especie en peligro de extinción, sí como especie catalogada en la categoría «vulnerable» y en franca regresión en algunas zonas de la comunidad.

Sin miramientos

Es evidente que el ecologismo tiene que saber que origina problemas a los seres humanos, pero actúa sin miramientos. El caso de la Isla de Valdecañas es un claro ejemplo: quienes han planteado denuncias no han tenido presentes las necesidades humanas ni el tema económico, o si los han tenido en cuenta piensan que no se produce daño alguno. Con que el Estado haga una reconversión laboral para los empleos perdidos y se haga una demolición multimillonaria a cargo del bolsillo de todos, asunto solucionado.

En el complejo Marina Isla Valdecañas trabajan 84 personas. El día que cierre serán 84 familias las que se queden sin ocupación. ¿A dónde van a ir? ¿Qué va a ser de ellas? Lo que está claro es que se tendrán que ir, porque en la zona no hay otras posibilidades de empleo. Y no habrá ninguna organización ecologista que hable de camas vacías, ventanas cerradas, casas desocupadas, niños desplazados y adultos mendigando trabajo…