«El eclipse duró unos minutos. La vivencia emocional, mucho más»
Más de 900 personas de toda España participaron en el proyecto Corona, promovido por el profesor extremeño Carlos Javier Rodríguez para conocer las emociones
Miguel Ángel Marcos
«El eclipse duró unos minutos. La experiencia emocional, mucho más». Así se dice, a modo de resumen, en el avance de resultados del proyecto ... Corona, promovido por el profesor e investigador extremeño Carlos Javier Rodríguez para analizar las respuestas emocionales y sociales durante el reciente eclipse total de Sol. En el mismo han participado más de 900 personas de distintos puntos de España.
Recordamos que ese Corona (Comportamiento y respuesta observados en navegación aérea) es uno de los cuatro proyectos que cuatro 'locos' por el cielo, entre ellos el propio Rodríguez, desarrollaron en un avión fletado por Iberia, por iniciativa suya, para seguir el eclipse a 11.000 metros de altura.
«Durante siglos, la ciencia ha estudiado con extraordinaria precisión qué ocurre entre el Sol, la Luna y la Tierra durante un eclipse. Podemos calcular cuándo comienza, cuánto dura, por donde discurre la sombra o en qué lugares será visible la totalidad. El estudio Corona quiso mirar en otra dirección. La pregunta de partida fue aparentemente sencilla: todos sabemos que un eclipse emociona, pero ¿cuánto emociona realmente?», se dice en la introducción del primer bloque del informe.
Con ese objetivo, durante el eclipse se realizó un estudio participativo destinado a explorar las respuestas «emocionales, perceptivas, físicas y sociales» de las personas que lo contemplaron.
La investigación se hizo en dos escenarios bien diferentes: observadores distribuidos por toda España y quienes lo contemplaron desde un vuelo situado dentro de la sombra de la Luna.
En ambos se recogió información antes, durante y después del eclipse mediante una aplicación diseñada específicamente para que las personas pudieran responder desde el propio lugar de observación. Esto permitió registrar parte de la experiencia mientras estaba sucediendo, «reduciendo la dependencia exclusiva del recuerdo posterior».
La participación alcanzó 49 de las 52 provincias españolas y las 17 comunidades autónomas, además de recibirse respuestas desde otros países. «La cobertura territorial convierte a Corona en una fotografía excepcional de cómo se vivió emocionalmente el eclipse desde numerosos puntos del país», se dice.
Antes de que comenzara, el estudio preguntó por la principal motivación para contemplarlo. «La respuesta más frecuente no fue la ciencia. Fue la emoción», se destaca en el avance de resultados.
El 51% señaló la dimensión emocional como principal motivo para vivir el eclipse, frente al 20% que destacó el interés científico y otro 20% que lo vinculó a su condición de gran acontecimiento.
«Las emociones que esperaban estaban encabezadas por la curiosidad, la ilusión y el entusiasmo. Pero cuando llegó la sombra, el lenguaje cambió», añade.
Ya durante el eclipse, el 53% eligió asombro y el 49% admiración, por delante del resto de emociones. «Y la respuesta no fue únicamente psicológica: aproximadamente tres de cada cuatro participantes registraron alguna reacción física, como piel erizada, corazón acelerado, respiración contenida, lágrimas, escalofríos o nudo en la garganta. El eclipse no solo se vio. También se sintió en el cuerpo».
En otro punto se señala que uno de los resultados más relevantes de Corona aparece al comparar el estado emocional de las mismas personas antes y durante el eclipse.
«El porcentaje situado en la zona definida como emoción muy intensa pasó del 22% antes del eclipse al 48% durante el fenómeno. Y al 62% de los participantes terrestres les aumentó la activación emocional. Este es uno de los principales mensajes del estudio: el eclipse no solo gustó. Produjo un cambio observable y medible en el estado emocional de quienes lo estaban viviendo».
Otro de los bloques del avance lleva por título 'La emoción aumenta cuando se comparte', puesto que el proyecto no pretendía estudiar únicamente qué siente una persona aislada. También comprobar hasta que punto compartir un acontecimiento extraordinario puede modificar la intensidad emocional.
Compartir emociona
«Los primeros resultados apuntan con claridad hacia esa dimensión colectiva. En el grupo del vuelo, el 82% de quienes respondieron afirmó que compartir el eclipse con otras personas aumentó su emoción. Y otro 82% consideró que la experiencia habría sido menos intensa de haber vivido exactamente el mismo fenómeno en solitario».
Las reacciones del grupo muestran, asimismo, comportamientos característicos de una experiencia colectiva: silencios compartidos, exclamaciones simultáneas, aplausos, conversaciones espontáneas, ayuda a otras personas e intercambio de fotografías e información.
Igualmente, se pidió a los participantes comparar la experiencia con situaciones conocidas, siendo la respuesta más frecuente «un paisaje natural extraordinario». Otros lo relacionaron con un concierto o con ganar un Mundial de fútbol.
Ahí el autor del proyecto aclara que «no se trata de establecer una competición entre emociones. La lectura es otra: un fenómeno natural puede situarse, para determinadas personas, en el mismo territorio emocional que algunos de los acontecimientos colectivos más intensos de su vida».
Corona continuó preguntando después de finalizar el fenómeno. El resultado más llamativo de esta fase es el «enorme deseo de volver a vivir la experiencia. En el conjunto del estudio, el deseo de contemplar otro eclipse alcanza 9,3 sobre 10, la puntuación más elevada de todas las escalas evaluadas».
Entre quienes respondieron posteriormente aparecen la permanencia del asombro y la gratitud, una mayor valoración de la naturaleza, el aumento del interés por la astronomía, el deseo de vivir nuevas experiencias o cambios en la manera de valorar el tiempo.
«El eclipse no solo gustó. Produjo un cambio observable y medible en el estado emocional de quienes lo estaban viviendo», afirma, para terminar, Carlos Javier Rodríguez, que ya tiene marcada en su agenda el próximo: el 2 de agosto de 2027.