La expedición morala en Fátima / Cedida a HOY

OPINIÓN

Crónica de un viaje inolvidable

Los jóvenes de Navalmoral que recibirán este año la Confirmación visitan Fátima

El pasado sábado 30 de abril los jóvenes de Navalmoral que recibirán este año el sacramento de la Confirmación tenían una cita muy importante que tantos ellos como sus catequistas esperaban desde hace tiempo con gran ilusión y muchas ganas, pues era la primera salida importante tras el parón producido por la pandemia. Era un encuentro con nuestra Madre, la Virgen de Fátima. Hasta su Santuario peregrinaron 21 joven acompañados por sus catequistas y familiares, hasta formar un grupo de 59 personas en total.

Las horas en el autobús fueron aprovechadas para contar la historia de las apariciones de Fátima y dar gracias a Dios por el gran regalo que nos hacía al permitirnos vivir una convivencia junto a la Madre. Además preparamos canciones y el viaje se pasó entretenido.

A las 13:00 (hora portuguesa) llegamos al hotel y tras soltar las maletas en la habitación, nos fuimos juntos a comer.

Tras una breve catequesis y unas palabras emocionadas de Óscar Salgado, diácono permanente en la Unidad Pastoral y responsable desde noviembre de la catequesis de Confirmación, llegó el momento que tanto habíamos esperado: poder rezar mirando a los ojos de la Virgen María en la Capelinha. Fueron unos minutos de paz y consuelo, de alegría y emoción, de fe y acción de gracias ante esa bendita imagen que tanto amor transmite a diario a centenares y centenares de peregrinos.

Después del saludo a María, dimos una vuelta a la explanada, visitando y comentando las dos basílicas, la propia plaza y las nuevas capillas subterráneas, haciendo una parada en la de la confesión y en la de la adoración eucarística perpetua. Muchos aprovecharon para confesarse y reconciliarse con Dios, en este lugar que tanta insistencia da al tema de la reconciliación.

A las 19:15 h. participamos en la Santa Misa en español con una importante presencia de extremeños, ya que también asistieron varios grupos de parroquias de Badajoz y fue presidida por un sacerdote de esta diócesis hermana.

De la misa nos fuimos al hotel para cenar y rápidamente de nuevo a la Capelinha para el rezo del Santo Rosario y la procesión de las antorchas. Todos, padres, madres, catequistas y confirmandos, quedaron impresionados de la belleza de esa gran explanada iluminada por la Santa Cruz, la imagen de la Virgen (que se alzaban por encima de todos los presentes) y las velas que los fieles portamos en nuestras manos.

Cedida a HOY

El día 1 de Mayo, día de la madre, nos levantamos temprano y al acabar de desayunar, recorrimos y rezamos las catorce estaciones del Viacrucis. Cada estación fue leída y comentada por un joven, participando todo el grupo. Al llegar al Calvario hicimos una Celebración de la Palabra, presidida por el diácono y terminamos con una consagración a la Santísima Virgen. Acabada la misma los catequistas y Óscar entregaron un diploma con la consagración y un rosario a cada confirmandos.

Fue una celebración muy sencilla, pero muy especial para todos los que participamos en ella, tanto jóvenes como familiares, en la que más que una lágrima de emoción corrió por las mejillas de los presentes. Éramos afortunados de estar en aquel lugar y consagramos a la Virgen un día tan especial como es el día de la Madre.

Tras visitar la casa de los pastores y regresar al santuario para despedirnos de la Virgen y hacer las últimas compras, comimos en el hotel y pusimos rumbo de vuelta a nuestros hogares.

El viaje de vuelta lo aprovechamos para descansar, pero la alegría y el amor de la experiencia vivida estaba presente en todos y cada uno de los participantes.

Hemos recibido números mensajes de los padres agradeciendo todo lo vivido y muchos chicos antes de bajarse del autobús ya preguntaban si podrían participar al año que viene si vuelve a repetirse aunque ya estén confirmados.

Son muchos los años que llevo acudiendo a Fátima cada año (desde los catorce y tengo 43 y solo he faltado dos años) y una cosa tengo muy clara: en Fátima cada día, en cada peregrino se produce un milagro. Nuestra Madre del Cielo nunca defrauda y te deja una huella imborrable.