Crispación
«No sé si los comentarios políticos son un reflejo de la agresividad que muestran los políticos parlamentarios que contagian a la sociedad, o si la agresividad de los políticos es el reflejo de la agresividad y crispación de la sociedad»
josé María Gómez de la Torre
Lunes, 20 de enero 2020, 09:48
Hacía ya mucho tiempo que no observaba comentarios tan agresivos como los actuales cuando se hacen sobre política, en la red, aquí en Navalmoral.
Tengo ... que remontarme a los que surgieron a propósito de una fotografía que no representaba la realidad de la muerte de una cigüeña 'ensartada' en las varillas de un dispositivo antiaves en el campanario de la iglesia de las Angustias. Los comentarios fueron de una violencia inusitada. Hubo hasta quien clamaba por la muerte del cura que había puesto el artilugio, sin pararse a pensar que es imposible que el cuerpo de una cigüeña sea atravesado por dos varillas del grosor de un cigarrillo y punta roma cuando va a posarse.
No sé si los comentarios sobre política a los que me refiero son un reflejo de la agresividad que muestran los políticos parlamentarios que contagian a la sociedad, o si la agresividad de los políticos es el reflejo de la agresividad y crispación de la sociedad.
La cosa comenzó cuando a la vista de los resultados electorales locales del 10 de noviembre un lector escribió que no sabía que hubiera tantos fascistas en Navalmoral. Hubo decenas de contestaciones al comentario y no llamándole guapo precisamente. Y no me lo explico.
Creo que quien no es fascista ni se considere tal se tomase la molestia de contestar agresivamente. Seguramente se mostraría agresivo quien lo es pero no quiere reconocerlo y se avergüenza si los demás se percatan. Que no sé por qué. Cada cual es muy libre de sentir y pensar como quiera y actuar en consecuencia siempre que respete la ley, incluso si no está de acuerdo con ella.
No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de la falta de clase, calidad o categoría, como se quiera llamar, en los líderes actuales de los partidos políticos. Y es una pena, sobre todo pensando que, en las primarias que han celebrado alguno de esos partidos, los militantes han tenido ocasión de elegir a candidatos mucho más capacitados. Y en algún caso con una encomiable experiencia de gobierno.
Días pasados pudimos ver los debates de la investidura para la jefatura del Gobierno. He de confesar que no los seguí con asiduidad, pero en lo que vi era patente la agresividad en los discursos, tanta, que se llegaba al insulto con expresiones y actitudes barriobajeras.
Riña tabernaria
La intervención de la portavoz de Bildu se convirtió en un espectáculo propio de riña tabernaria y debate de tertulianos carentes de educación. Con lo fácil que es, manteniendo la cortesía parlamentaria, rebatir los argumentos que expone el partido heredero de una banda terrorista sobre el autoritarismo del Estado español; si basta preguntar simplemente que qué tipo de régimen político se proponían instaurar mediante el asesinato, el secuestro y la extorsión. Lo que no se debió hacer fue tratar de impedir su derecho a manifestar sus ideas, interrumpiendo su discurso continuamente, con lo que parecía que había un empeño en darle la razón sobre su certidumbre acerca del totalitarismo del autoritario Estado español.
Hay una frase, atribuida a Voltaire, que los parlamentarios de estados democráticos deberían tener presente: «Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo».
Lo que me pareció ya el colmo es que un parlamentario pidiese que se quitase del diario de sesiones parte del discurso de la portavoz de Bildu. ¿Para qué? ¿Para falsear la historia? ¿Para que no quede constancia de las presuntas barbaridades de ese grupo parlamentario? No sé si recuerdan aquel ¡que se jodan! de la diputada Fabra, cuyo regüeldo o rebuzno tan bien la retrataba. En lugar de expulsar del grupo parlamentario y del partido a tan «justiciera social» se eliminó su intervención del diario de sesiones dejándola absuelta para la historia.
Quienes tienen responsabilidad parlamentaria deberían ser sensatos, prudentes, realistas y actuar con sentido común y miras de largo alcance. Las resoluciones que tomen y las medidas que lleven a cabo deben tener por meta la eficacia. Y no perder de vista las consecuencias que sus actitudes pueden provocar, como la crispación social disparatada que está llevando a un diputado a recibir amenazas de muerte.
NOTA. El nuevo artículo de José María Gómez de la Torre se publica en el número 82 de la edición mensual de HOY Navalmoral que estará desde el lunes a disposición de los lectores en los puntos habituales.
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