Placa con el nombre de Agustín Carreño / MAM

Opinión

Carta abierta de la familia Carreño a los moralos y moralas

«Agustín Carreño, como otras personas cuyos nombres se borran hoy de las calles que les honran, jamás exaltó ni auspició ninguna sublevación ni acto de represión. Dedicó su vida y su tiempo a ayudar a los demás»

FAMILIA CARREÑO

El pleno del Ayuntamiento de Navalmoral de la Mata celebrado el pasado día 9 adoptó el acuerdo de retirar, entre otras, la calle que recuerda a nuestro padre y abuelo, D. Agustín Carreño, que fue alcalde entre 1942 y 1957.

Como depositarios de la inmensa gratitud por el afecto con el que Navalmoral le rindió un día homenaje dedicándole una de sus calles, y como legítimos defensores de su memoria, honor y su dignidad, su familia quiere dirigir estas líneas a todos los moralos en el momento en el que injusta e ilegalmente se retira su nombre de la calle que le recuerda.

Este acuerdo se adopta con la excusa de la aplicación de la Ley de Memoria Histórica, que los grupos políticos que lo han apoyado interpretan de forma extensiva, partidista, sectaria y contraria a su letra y a su espíritu.

El artículo 15.1 de esta Ley, cuyo verdadero alcance y sentido poco importa a los grupos políticos que apoyan esta medida, insta a las administraciones a la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. No es el caso, desde luego, de Agustín Carreño que, como otras personas cuyos nombres se borran hoy de las calles que les honran, jamás exaltó ni auspició, como es evidente, público y notorio, ninguna sublevación ni acto de represión.

Calle Agustín Carreño, en el entorno de La Chimenea / MAM

Agustín Carreño, pediatra de profesión, tomó posesión como alcalde de Navalmoral el 27 de marzo de 1942. Dedicó su vida y su tiempo a ayudar a los demás. En su vocación de servicio público, procuró siempre el desarrollo y la prosperidad de Navalmoral.

Recabando el auxilio de personas y entidades que le dieron su apoyo económico y moral, culminó obras y gestiones relevantes para el progreso de Navalmoral, como la traída de agua corriente en 1949 y la recuperación del capital invertido a finales del siglo XIX en el Ferrocarril del Oeste, Plasencia-Astorga. Y acometió importantes obras sociales, como la construcción del parque municipal, el Jardincillo, La Gota, la barriada de las Minas, el Mercado de Ganado del Canchigordo, el ambulatorio, la Plaza de Abastos, el campo de fútbol, el cuartel de la Guardia Civil, la reapertura del Hospital Antipalúdico y del colegio de la Vía, el inicio de las obras del grupo de viviendas Girón, la organización del Servicio de Limpieza, la instalación de CEPANSA (La Algodonera) i el proyecto para ubicar en Navalmoral la Universidad Laboral, etc.

Muy lejos están los hechos por los que el pueblo de Navalmoral le rindió homenaje dedicándole una de sus calles con cualquier inexistente exaltación de ninguna sublevación, dictadura o represión por la que ahora injusta y falsamente se le retira.

La Ley de Memoria Histórica no ampara la retirada del nombre de una calle por simples motivos políticos. No constituye excusa o patente de corso para utilizar el nombre de nuestras calles con motivos sectarios y partidistas. Y no permite una revisión generalista y acrítica del callejero para borrar de nuestra Historia a quienes entregaron su tiempo y su mejor hacer por la modernización de Navalmoral.

Nombres sin criterio ni fundamento

La infundada revisión del callejero que adopta ahora el pleno incluye multitud de nombres sin criterio ni fundamento. Abarca todo lo que a capricho y voluntad de los grupos que lo apoyan no suena o no parece sonar a sus ideas, todo lo que a su entender guarda cualquier relación con otra época, todo lo que concierne a personas cuyas ideas fueron distintas de las que sectariamente pretenden imponer.

La desmedida y extensiva aplicación de la Ley de Memoria Histórica, muy lejos de utilizarse como instrumento de concordia, reparación y convivencia se convierte así en instrumento para enfrentar a los moralos y utilizar el nombre y el honor de nuestras familias para reescribir a su gusto nuestra Historia común.

Todo ello se hace apelando a la aplicación de la Ley de Memoria Histórica, olvidando que justamente esta Ley tiene como objetivo fundamental fomentar la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones de españoles en torno a los principios, valores y libertades constitucionales. Cabe recordar que precisamente es principio constitucional elemental el de legalidad, que exige la interpretación y aplicación adecuada y no sectaria de la Ley. Y no debe olvidarse que es valor constitucional esencial el pluralismo político, que impone consenso, respeto y entendimiento entre los grupos políticos y excluye la imposición, el sectarismo y la arbitrariedad con que se adopta este acuerdo.

La Historia de Navalmoral pertenece a los moralos y no a los partidos políticos. La Constitución y la Ley pretenden la concordia, la reconciliación y el entendimiento. Y siempre prevalecerán frente a quienes se amparan en ellas para dividir a los ciudadanos, enfrentar a nuestras familias e imponer sus ideas.

El recuerdo de todos los hombres y mujeres que dedicaron su vida y su tiempo al progreso de Navalmoral sigue hoy más vivo que nunca. Y el homenaje sentido e inmenso del pueblo que un día les dedicó sus calles seguirá siempre vivo en nuestra Historia y en la memoria de nuestros hijos.