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El banco sigue vacío JL Solano

Las firmas de HOY Navalmoral

El banco vacío

Hace varios años tuvo un acompañamiento permanente. Una placa que recordaba a un señor, Domingo 'el portu', que se solía sentar en él cuando no tenía otro menester que hacer...

José Luis Solano Rodríguez

Martes, 17 de febrero 2026, 11:11

Es domingo, bien temprano, domingo de Carnaval, hace frío. El banco está vacío. Apenas pasa gente, nadie se sienta. A lo largo de la mañana, hoy, día soleado, subirán las temperaturas, algunos, jóvenes que no vieron salir el sol, se posarán un rato en él, contando sus aventuras carnavaleras del día anterior, su paso por el ferial.

Ya el sol en su cenit atraerá a personas mayores, jubilados contando sus andanzas de juventud en estas fechas, el baile del hogar la tarde noche anterior, la… que todavía está de buen ver, que como la miraban algunos viudos sueltos, incluso otros, deseosos prostáticos, elucubrando si con la artrosis o la prótesis se movería bien con ella. El banco sigue vacío.

La tarde traerá el desfile, el banco será atractivo y deseo de muchos, de todas las edades, sexo y condiciones, para sentarse o subirse en él y controlar bien comparsas, danzantes, carrozas… que pasarán con estruendo musical. El banco sigue vacío.

Pasará la juerga, se irá echando la noche e irá llegando la helada. El banco, parece, seguirá estando vacío y, puede que por los siglos de los siglos, incluso con amén final.

La placa de Domingo

Hace varios años tuvo un acompañamiento permanente. Una placa que recordaba a un señor, Domingo 'el portu', que se solía sentar en él cuando no tenía otro menester que hacer – excepto cuando se dedicaba a trabajar para la comunidad, proteger a los demás, asistirlos-, una dedicatoria ante su no estar físico, un recuerdo a haberse marchado tras un desgraciado accidente en una labor social, a su gesta anónima, desinteresada, a lo largo de años. La placa daba consistencia al banco y a esas entregas desinteresadas.

Pasé una tarde camino de quijotadas librarías. El listón con la placa estaba desprendido. Lo entregué en el mesón próximo, con el mensaje de que lo guardaran, avisaran a la policía para recogerlo y ponerlo una vez arreglado. Se hizo, pero sin su placa. Empezaba a estar vacío.

Adiós recuerdo, homenaje, memoria histórica… Han pasado años, cambiado gobiernos –que, parece ser, todo tiene que cambiar para que se siga igual- y el banco sigue vacío. Era una simple y pequeña placa metálica, de un buen hacer y gesta; que placas más grandes esquinean calles y edificios públicos, tal vez in memoriam de hasta algún…

Lo mismo esa labor que solía hacer se ha desmemoriado, se ha borrado, fue, otra vez, un ¡flash!, efecto de «dar el pego», no interesa y se quiere que sea así, o se está desvariando con que no se pone porque era tal o cual esa persona.

Pero, Domingo, lo mismo -que diría Machado- tal vez purgue un pecado ajeno, la cordura, la terrible cordura más que del idiota, de los que, realmente, pueden serlo.

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