Opinión

'¿Almaraz? Sí, gracias'

'¿Almaraz? Sí, gracias'

«No fue una manifestación a favor de la energía nuclear, sino por asuntos más enjundiosos que los modelos energéticos: de lo que se trataba era del futuro de la comarca»

Antonio Tinoco
ANTONIO TINOCO

Estoy seguro de que como muchos de ustedes, pegué en las carpetas donde guardaba los apuntes de las asignaturas que estudiaba innumerables pegatinas. En mis tiempos en la universidad, que se remontan justamente a la época de la muerte de Franco y la Transición, eran pegatinas de eslóganes políticos, de versos de Víctor Jara, de amnistía y libertad, de llamadas a la Huelga General Pacífica, 'Por la ruptura. No a la reforma'.

La que más me gustaba era la pegatina antinuclear: '¿Nucleares? No, gracias'. Era, de lejos, la más alegre y la que más llamaba la atención. Fue un éxito del marketing político: todavía se la recuerda y todavía se la imita. Su color amarillo canario y su sol sonriente, además, transmitía un mensaje optimista y hippie, frente a otros reclamos políticos, tan trascendentes, de gestos enérgicos y colores sombríos.

Un tanto descreído, acabó hace mucho para mí el tiempo de los eslóganes y las pegatinas, pero no por eso he dejado de pensar que el mundo sería un lugar más seguro si no existiera la energía nuclear y, por tanto, una política responsable debería concentrarse en sustituir, cuanto antes mejor, la energía nuclear por otra que no tenga sus riesgos.

Les cuento todo esto porque comprenderán mejor el impacto que causó en mí la portada del pasado viernes de este periódico, en la que aparecía una gran foto de la manifestación habida la tarde anterior en Navalmoral de la Mata para defender la continuidad de la central nuclear de Almaraz. Frente a mi juvenil '¿Nucleares? No, gracias', miles de personas del Campo Arañuelo me espetaban en la cara desde la portada de HOY un '¿Almaraz? Sí, gracias'.

De la crónica del periodista Miguel Ángel Marcos saqué la conclusión, además, de que no era una manifestación cualquiera, no de esas convocadas a veces por partidos o sindicatos que tienen mucho de representación teatral, o de simple conmemoración. Esta era de las sentidas, de las que la llama que las alimenta no se extingue cuando la gente se dispersa.

La triste ironía es que, a pesar de los cánticos y de las pancartas en defensa de Almaraz, lo acontecido el jueves pasado en Navalmoral no fue una manifestación a favor de la energía nuclear, sino por asuntos más enjundiosos que los modelos energéticos: de lo que se trataba era del futuro de la comarca. La pregunta pertinente aquí es por qué estamos en el punto en que el futuro pasa por el mantenimiento de la planta nuclear.

Tal vez haya gente que para explicar por qué debería continuar la central eche mano de las presiones de las empresas eléctricas o los manejos de los poderes fácticos, que es todo lo mismo. No sería más que un modo de eludir la responsabilidad de quienes debieron buscar -y más que nadie los políticos antinucleares- el modo de que en el Campo Arañuelo Almaraz no sea lo único en que confiar el futuro. Hace 40 años que se sabe que a la nuclear le llegará el día en que caducará su vida útil.

Llevan, por tanto, 40 años de retraso, un factor pronuclear mucho más poderoso que todos los intereses del Ibex 35.