Las firmas de HOY Navalmoral

El Hombre Inicuo, una tradición morala

El Hombre Inicuo, una tradición morala

La quema del pelele cerrará, un año más, las fiestas del patrón de Navalmoral

NOEMÍ GARCÍA JIMÉNEZ

Desde hace varias décadas no hay fiestas de san Andrés Apóstol en Navalmoral sin su Hombre Inicuo. Este pelele, realizado con ropa vieja y relleno de paja y petardos, es colgado y quemado el día 30, día del patrón.

Cuando Don David, a poco de su llegada, en 1957, incorporó la quema del Hombre Inicuo a las celebraciones de la festividad del patrón, no creo que pensara que varias décadas después se seguiría celebrando. Como él mismo cuenta, tomó la idea de sus tiempos de seminarista en Plasencia, de la celebración de la festividad de Inmaculada Concepción.

Pudo estar inspirado en Quema de Judas en Jarandilla o Cabezuela. Son varias las localidades extremeñas que en Semana Santa queman a un muñeco de paja que representa a Judas, como Garganta la Olla y Torremenga. Esta antigua tradición también existe en pueblos de otras provincias españolas, como Guadalajara o Toledo.

En el caso de Cabezuela del Valle, se pasea a un pelele llamado Judas el Sábado de Gloria por las calles del pueblo, al principio a lomos de un burro, en la actualidad en un tractor. Lleva colgado al cuello un cartel con una leyenda condenatoria y en una de sus manos, se le ata una bolsa con treinta monedas que simbolizaban el dinero que Judas Iscariote recibió por traicionar a Jesús. Durante el recorrido, es abucheado y escarnecido por la gente y sobre todo por los niños que le cantan: «Judas Iscariote mató a su padre con un garrote». Por la noche es quemado bajo el estruendo ensordecedor de decenas de cohetes y petardos.

Otro caso de pelele ajusticiado es el célebre Peropalo de Villanueva de la Vera. Hay varias hipótesis sobre su antiguo origen. La más aceptada es la que lo sitúa en un ritual agrario de fertilidad de la Europa prerromana. El martes de Carnaval, se comienza de mañana con el juicio del Peropalo, acusado de traición, en el que se decide ajusticiarlo. Se le coloca la sentencia en la espalda y a las tres de la tarde, en una mesa petitoria, tres ediles municipales reciben óbolos de oferentes a los que los calabaceros propinan fuertes golpes con calabazas.

Después, en la Plaza Mayor, se hace la jura de bandera, en la que todos los varones oferentes muestran su habilidad con la bandera, antes de finalizar los actos con el manteo del Peropalo y su quema.

En la comarca de la Vera, la presencia de comunidades judías fue importante durante siglos. La convivencia relativamente pacífica entre ellos y los cristianos veratos vio su fin con el Ordenamiento de 1412. Entre otras medidas, les prohibía vivir junto con los cristianos y les exigía llevar una marca en la ropa. Las causas del antisemitismo fueron tanto económicas como religiosas.

En las coplas que se cantan al Peropalo, transmitidas de generación en generación a través de los siglos, es posible apreciar el odio contra los hebreos por ser un pueblo deicida: «Judíos, mi padre es Cristo, vosotros me lo matasteis». También en la quema de Judas en Garganta la Olla y en Torremenga.

¿Bandido, centurión, malhechor...?

En cuanto a nuestro Hombre Inicuo, carece de ese toque antisemita. La historia de nuestra comarca es distinta, quizá más reciente. La cultura popular cuenta que ese muñeco de paja y petardos simboliza a un bandido o malhechor. Otros dicen que a un centurión romano, en definitiva, al pecado.

Una teoría, la más probable, sostiene que representaría al Gobernador de Patrás, que mandó ejecutar a san Andrés en una cruz en forma de aspa, a la vez que lo bautizaban como Hombre Inicuo que significa malvado, injusto. Sea lo que sea, cada año es juzgado y llevado a la hoguera, a fin de hacernos pensar, reflexionar, cambiar.

Al principio era en la tarde anterior al día de san Andrés, ahora en la del día 30. Este muñeco, alegoría contra la maldad y la injusticia, ha dotado a la fiesta de más color y de ruido pirotécnico, para alegría de los niños. Un año más veremos su quema y esperemos que dure, al menos, otros sesenta años más.

¡Feliz san Andrés Apóstol 2018!

 

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