Las firmas de HOY Navalmoral

Al hilo de unas declaraciones

Al hilo de unas declaraciones

«Entre 2011 y 2014 en el hospital me atendieron cuatro urólogos distintos, pero no porque me cambiaran de consulta, sino porque se habían ido marchando»

JOSÉ MARÍA GÓMEZ DE LA TORRE

Leo en HOY Navalmoral un artículo donde, a raíz de unas declaraciones hechas el día 9 octubre a las puertas del hospital Campo Arañuelo, se dice que el presidente regional del PP, José Antonio Monago, cree que en esta legislatura han empeorado las instalaciones de los hospitales extremeños y las condiciones de los profesionales y, como consecuencia de ello, la calidad de la asistencia que se presta a los pacientes.

Si cree eso, como en cuestión de fe y creencias cada cual tiene las que tiene, no hay nada que decir ni reprochar. Otra cosa es que eso que el señor Monago cree sea real.

Nadie duda de que la calidad de la sanidad en nuestra comunidad, como todo en esta vida, sea mejorable, muy mejorable, sin duda. Pero que la situación de precariedad, el deterioro de la sanidad se haya producido en los últimos tres años ya no es cuestión de fe, o de mala fe, sino de falta de memoria.

Centrándonos en lo que nos toca de cerca, el hospital Campo Arañuelo, el señor Monago lamenta no solo que falten médicos, sino que se marchen. Lo lamenta él y lo lamentamos más los que padecemos las consecuencias del éxodo de especialistas.

Pero que diga -no sé si nos lo dice o nos lo cuenta- que eso es un fenómeno que se inició hace tres años, me hace pensar que el señor Monago no tiene una buena información, porque lo que no quiero es pensar que está tratando de engañarnos.

Y para que no se lleve a engaño le voy a contar mi experiencia como paciente. En el campo de la medicina se da un consejo de carácter general: los hombres, a partir de cierta edad, deben hacer una revisión anual de la próstata. Pues bien, yo alcancé hace años esa edad y entre 2011 y 2014 en el hospital Campo Arañuelo me atendieron cuatro urólogos distintos de cuatro nacionalidades diferentes, no porque me cambiaran de consulta, sino porque se habían ido marchando y era atendido por el que había en aquel momento.

En 2014 me recibió un médico jovencito que, quiero suponer que fiado de mi saludable historial y sin la más mínima pregunta por el estado en que me encontraba, me despachó diciéndome que siguiera con la medicación que tomaba y que pidiera cita al cumplir los setenta y cinco. Hice un acto de fe para creer que la revisión anual era innecesaria y no pensar que aquel muchacho tenía la misión de quitar de en medio las revisiones periódicas para que en el hospital se pudieran atender los casos más urgentes. Porque había periodos de tiempo en los que no había un urólogo y resultaba imposible cubrir la demanda, o que a la gerencia del Área de Salud -que habían trasladado a Plasencia─las necesidades de este hospital, que le caía a desmano, eran menos prioritarias o de segunda categoría.

Y en esos años, mira por donde, a lo mejor no hay que recordar al señor Monago quién era el presidente de la Junta y quién era el consejero de sanidad.

También, por reciente propia experiencia, le puedo asegurar que ningún sanitario tuvo que sostener los cables mientras me hacían un electrocardiograma.

Me gustaría que nuestros representantes políticos se dedicaran a gobernar, a criticar lo que es criticable, a alcanzar acuerdos para resolver los problemas -que en algunos casos ellos mismos han originado─y a dejarse de echar zancadillas para impedir que el que tiene la responsabilidad de gobernar pueda resolverlos, porque con esas maniobras lo único que consiguen es perjudicar a los ciudadanos.

Cámaras de marujeo

Pero no, no es eso lo que hacen. Últimamente tanto el Congreso como el Senado parecen cámaras de marujeo en las que se llegará a mirar si fulanito copió en el examen de matemáticas de segundo de BUP y si el título que consiguió fue un regalo de unos catedráticos con pocos escrúpulos o eficazmente presionados.

Creo que a miles de españoles no les importa que Casado aprobara 12 asignaturas en un curso y sin asistir a clase cuando sólo había aprobado 13 en los siete años anteriores y a otros cuantos miles se la trae al pairo que Sánchez copiara un quince o un veintiuno por ciento de tu tesis doctoral. Que se quiera abrir una comisión de investigación en el Senado para «investigar» esto último, me hace reafirmar en lo que siempre he pensado: que las comisiones de investigación son algo inútil de por sí y más cuando son utilizadas para fines bastardos y que el Senado es una cámara que si para algo sirve, aparte de estorbar, es para premiar a viejas glorias o politiquillos de medio pelo para que puedan gozar de una generosa jubilación.

Que en el Congreso o en el Senado se haga cuestión de estado de esas minucias produce vergüenza ajena.

Porque lo que importa es que, independientemente de sus titulaciones, quienes gobiernen sean eficaces, sepan lo que hacen, que gobiernen con lo que hay y no con utopías, que solucionen los problemas de los millones de parados que aún quedan y la mierda de salarios que se ofrecen a los jóvenes que empiezan.

No creo que ningún político de cierta relevancia tenga la desfachatez de decir, sin avergonzarse, que quien ha mentido no es digno de ostentar un cargo público, porque le daré la razón y le pediré que sea consecuente y se retire de la política.

 

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