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La excursionista rescatada en Gredos relata su dura experiencia, en la que llegó a temer por su vida

Sierra de Guijo de Santa Bárbara /MAM
Sierra de Guijo de Santa Bárbara / MAM

Agradece a todas las personas que intervinieron: guardia civiles, bomberos, guía, servicio sanitario, amigos, conocidos y en especial a Norberto Hornero «quien arriesgó su vida por nosotros»

ANGÉLICA IG

Mi nombre es Angélica, tengo 36 años, y soy una de las personas a las que rescataron el pasado sábado, en la Portilla de Jaranda, cerca de Peña Horcón.

Ese día habíamos salido de ruta, como otras muchas veces, pero esta vez la cosa se complicó, pues, una vez cruzada la ladera para regresar a Guijo de Santa Bárbara, nos desviamos del sendero, que ya conocíamos y seguíamos a través de la aplicación móvil, porque la zona no estaba limpia y era imposible encontrar el camino de regreso.

La situación se complicó aún más cuando el tiempo se nos echó encima y decidimos llamar a unos amigos de Navalmoral, que conocen la zona, y a una compañera de trabajo, de Losar de la Vera, cuyo marido trabaja como guía rural, para que estuvieran al corriente de la situación y nos ayudaran de alguna manera pero no salía la ubicación exacta, por lo que al ver que la noche se nos echaba encima alertamos al 112 de la situación, quienes enviaron a una pareja de guardia civiles, que fueron a socorrernos desde Talayuela. Éstos, a su vez, avisaron al vigilante de la reserva y fueron en nuestra búsqueda.

La situación era insostenible, ya que el lugar donde estábamos era prácticamente inaccesible, debido a la localización y el mal tiempo. Aquellas horas se hicieron interminables, pues notaba como mi cuerpo dejaba de responder, a causa del frío y la nieve. Alrededor de las 00:00 perdimos la esperanza de que nos encontraran, pues nos quedamos sin batería, no teníamos apenas luz y las voces que nos parecieron escuchar dejaron de oírse.

Aquella angustiosa situación se apoderó de mí y no lograba calmarme ni entrar en calor, por más que mi compi lo intentara. De repente, cuando apenas me había quedado dormida, escuché un silbido y vimos varias luces, justo debajo de la colina donde estábamos. Rápidamente, comenzamos a gritar y vimos como una de las luces se aproximaba. Entonces, llegó la persona que nos salvó la vida, Norberto Hornero Zabala, y digo salvó porque no estoy segura de haber sobrevivido a aquella noche de no ser por él.

Apareció justo en el momento en el que yo había perdido casi la consciencia y su voz me tranquilizó, ipso facto, cuando escuché: ¿estáis bien? ¡Tranquilos, ya ha pasado todo!, palabras que nunca olvidaré. Fue entonces cuando nos ofreció de comer y beber y me dejó ropa seca para comenzar a descender la colina. Fue un camino muy duro donde era bastante fácil resbalar y caer al barranco. Una vez que bajamos de la cima, continuamos el camino, junto con la pareja de guardias que estaba esperando abajo, quienes informaron de nuestra aparición.

Cinco horas interminables

El trayecto fue bastante duro, debido a la niebla, el agua, la peligrosidad del terreno y las continuas subidas y bajadas, para intentar llegar al punto de donde partieron. Llegó un momento en el que estábamos tan asustados que incluso llegamos a dudar que saliésemos con vida de allí. Los bomberos ya iban en nuestra búsqueda, al ver que las horas pasaban y no regresábamos. Habíamos perdido cualquier tipo de comunicación existente y, gracias al vigilante que conocía la zona y no perdió los nervios en ningún momento, llegamos sanos y salvos, sobre las 5:00, y no hubo daños que lamentar.

Una vez que pasamos la cuerda del refugio de las Nieves, nos reunimos con los primeros bomberos, después de cinco largas horas de camino. Nos ofrecieron comida, bebida, linternas, ropa seca… y fuimos en busca de los demás compañeros, quienes se encontraban en una zona próxima a los coches.

Me gustaría dar las gracias a todas las personas que intervinieron en nuestro rescate; guardia civiles, bomberos, guía, servicio sanitario, amigos, conocidos… y en especial a Norberto, quien arriesgó su propia vida por nosotros, subiendo hasta la cima de la montaña. De no haber sido así no podría estar contando esta heroica hazaña que sin lugar a dudas jamás olvidaré.

 

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