Una fisura en una balsa de abastecimiento de agua inunda Valverde y corta la carretera de la Vera

Una fisura en una balsa de abastecimiento de agua inunda Valverde y corta la carretera de la Vera

  • La riada produjo cuantiosos daños materiales, aunque por fortuna no hubo heridos ni desaparecidos

Un bando emitido por el Ayuntamiento de Valverde de la Vera cerca de las ocho menos cuarto de la mañana del miércoles recomendaba a los vecinos quedarse en sus viviendas ante la situación de riesgo que se estaba produciendo en la población. Una fisura en una balsa de abastecimiento de agua, situada a sus espaldas, en las estribaciones de la sierra de Gredos, había empezando a inundar el casco urbano, obligando incluso a cerrar al tráfico la carretera EX-203 que recorre la comarca de la Vera.

José Sánchez, vecino de Villanueva y aficionado al ciclismo, explicó a HOY que llegó a Valverde cerca de las seis y media de la mañana, como suele hacer todos los días, y que escuchó un sonido extraño. Era el agua que caía, en torrente, desde la sierra a la carretera de la Vera en el entorno de la piscina municipal. Primero salió corriendo para evitar riesgos y después decidió parar el tráfico que procedía de Villanueva hasta la llegada de la Guardia Civil. Lo mismo hizo al otro lado de la carretera Pedro Gómez, agente del Medio Natural, cuando llegó a trabajar y se dio cuenta de lo que ocurría.

Y es que la balsa de abastecimiento había sufrido una fisura, y reventó posteriormente, para soltar sin control cerca de 60.000 metros cúbicos de agua sobre la carretera y el casco urbano, donde corrió por sus estrechas y empinadas calles.

«Al escuchar el ruido sentimos miedo», decía Justo, aunque el agua no llegó a entrar en su casa porque tiene un escalón. Lo contrario de lo que ocurrió en otras muchas viviendas, como la de Bárbara o la de Paula, que limpiaba una casa que tiene a su cargo de conocidos que residen fuera. «No es agua, es barro –decía. Nunca he visto una catástrofe como esta». Eso sí, Justo no se limitaba a lamentarse, sino que tenía duras palabras hacia el Ayuntamiento porque «no hacen nada».

Arrastró varios coches

Unos metros más abajo, en los aparcamientos cercanos a la ermita del Cristo, quienes observaban la escena tras el cordón policial se lamentaban de los vehículos arrastrados por el agua. «Se ha llevado mi coche, con otros cuatro o cinco», decía Félix Luengo. También resultó afectado el tanatorio municipal, situado en la misma zona.

Mucho más crítico se mostraba David, un joven que entre lágrimas lamentaba que se habían quedado «con una mano delante y otra detrás» al ahogarse los animales que tenían en su finca, afectada seriamente. Igualmente se quejaba de que nadie les había ayudado a limpiar la calle, «ni el Ayuntamiento ni los bomberos. Nos han dejado vendidos».

Mientras los vecinos se afanaban en achicar agua, lodo y barro, se sucedían las declaraciones de las distintas administraciones haciendo ver que todo estaba controlado. A primera hora la Junta de Extremadura decretaba el nivel 1 por inundación. A media mañana llegaban el subdelegado de Gobierno y el consejero de Fomento para reunirse con la alcaldesa, Nathalie Victoria Deprez, mientras que los dirigentes de los ayuntamientos que colaboraron desde un primer momento con sus agentes, como Navalmoral de la Mata con diez policías, Jarandilla de la Vera, Villanueva o Madrigal, esperaban a las puertas del Consistorio.

En esa espera llegó la presidenta de la Diputación Provincial de Cáceres, Rosario Cordero, y más tarde, en torno a las cinco, el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara.

En las declaraciones institucionales se insistía en que la situación estaba controlada; que no había ni muertos ni heridos ni desaparecidos y que todos los medios habían funcionado a la perfección, al desplazarse con rapidez numerosos agentes de policías locales del entorno, Guardia Civil, bomberos, Cruz Roja, Protección Civil o personal de mantenimiento de carreteras. A mediodía la Junta anunciaba el envío de cisternas con agua potable, «ya que pese a que está garantizado el suministro, el barro que pueden arrastrar las tuberías hace que el agua no sea apta para consumo», dijo José Luis Navarro.

El consejero esperaba que la limpieza de las tuberías fuera lo más rápida posible, al igual que la reparación de la carretera, para que tanto el suministro de agua como el tráfico se reanudaran con normalidad. Asimismo insistió en que la balsa estaba vacía y que ya no había peligro. A partir de ahora deberá determinarse la causa de la fisura.

La avalancha de agua, lodo y piedras obligó a bomberos y a policías a evacuar a una vecina de avanzada edad y a una familia que no podía salir de su vivienda, así como a localizar al conductor de un vehículo al que inicialmente se daba por desaparecido, aunque después se comprobó que no lo estaba. Fue en el aparcamiento cercano a la ermita del Cristo. También hubo daños importantes en el velatorio municipal, en la piscina –que literalmente ha desaparecido-, en la ermita, en varias calles y en numerosas viviendas.

Pero, sobre todo, en la carretera EX-203, en el entorno de la piscina municipal, en dirección a Villanueva, que se cortó a primera hora ante el agua y las rocas que cayeron sobre la misma, haciendo necesaria la presencia de maquinaria para que pueda abrirse al tráfico.

Un día muy complicado

A la vista de todo lo sucedido la alcaldesa, Nathalie Victoria Deprez, señaló que estaba siendo «un día muy negro y complicado», si bien se congratuló de que todos los servicios de emergencia «funcionaran perfectamente. Lo que toca ahora es trabajar y evaluar los daños, porque ha sido un suceso muy cruel con el pueblo».

Pero Deprez, y el Ayuntamiento, no se libran de las críticas de algunos vecinos, que aseguran que «se veía venir, primero por construir la balsa encima del pueblo y segundo por no haber actuado cuando se detectaron las primeras fisuras, ya que el cerramiento es de tierra».

Esos mismos vecinos ‘agradecían’ que la inundación se produjera a primera hora, porque de haber sucedido a mediodía o por la tarde «estaríamos hablando de una desgracia, como demuestra cómo ha quedado la piscina. Enterrada».

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